Para estos niños rohingya refugiados, jugar es la clave de la educación y esperanza

Autor: Camille May

DFID

En la clase de Ismat Ara Jannat Sheuly, sus estudiantes se lo están pasando demasiado bien. No hay duda de que están aprendiendo, pero lo hacen a través del “juego”.

La escuela de Sheuly, el centro de primera infancia Shishu Bikash Kendra (SBK) en Cox's Bazar, Bangladesh, aplica el enfoque educativo de “aprender jugando”, que ya han implementado programas de desarrollo en todo el mundo.

Este enfoque les da a los niños y niñas que están empezando la oportunidad de explorar su entorno con actividades prácticas. Al centrarse en los elementos del “juego”, el profesorado potencia la curiosidad natural de la infancia para ayudarles a desarrollar habilidades esenciales —como la lectoescritura y la numeración— mediante interacciones lúdicas con objetos y personas.

En un aula, las bases de las matemáticas se pueden entender bailando y dando palmas; en otra, los colores y las formas se aprenden con bloques geométricos. Y en tiempos de crisis e incertidumbre, estas habilidades son todavía más importantes.

En Cox's Bazar, donde Sheuly vive con su marido y sus tres hijos, la oportunidad de impartir este programa la hace posible Education Cannot Wait (ECW), el fondo global de la ONU dedicado a apoyar a que los niños y niñas puedan acceder a educación en contextos de emergencia.

Igual que su alumnado, Sheuly también es una refugiada rohinyá, y tiene muy claro todo lo que el aprendizaje puede abrirles a los niños y niñas pequeños, a sus familias y a sus comunidades.

“Mi hijo más pequeño aprende en este centro y, antes de que existiera, en mi comunidad había menos conciencia sobre la importancia del desarrollo en la primera infancia”, contó Sheuly a Global Citizen. “Este centro está ayudando a los niños y niñas y a sus familias a entender mejor lo importante que es la educación temprana, y al mismo tiempo está apoyando su desarrollo cognitivo y emocional”.

Niñxs refugiadxs rohingya juegan en el centro infantil Shishu Bikash Kendra (SBK) en Cox’s Bazar, Bangladés, que usa el enfoque “aprender jugando” de Education Cannot Wait (ONU).
Image: Plan International for Global Citizen

En el sudeste asiático se está desarrollando ahora mismo una de las crisis de refugiados más urgentes. En los últimos seis años, casi un millón de refugiados rohinyás han huido de la persecución y la violencia en el estado de Rakhine, en Myanmar, hacia el distrito de Cox's Bazar, en Bangladesh.

Los niños y niñas del centro de Sheuly, junto con miles más en el asentamiento de Cox's Bazar, son cada vez más vulnerables. Los rohinyás forman la población apátrida más grande del mundo: una situación que les quita derechos humanos básicos y les niega el acceso a necesidades fundamentales.

Al vivir en 34 campamentos cerrados, rodeados de alambre de púas y vallas con cuchillas, y sin ciudadanía bangladesí ni reconocimiento en Myanmar, la comunidad rohinyá no puede trabajar ni acceder a servicios locales o a educación. En diciembre de 2022, las autoridades de Bangladesh llegaron incluso a cerrar más de 30 escuelas rohinyás en los asentamientos para desincentivar que las comunidades se establecieran de forma permanente en el país.

Para lxs peques del centro SBK, aprender jugando crea espacios seguros donde pueden no solo aprender, sino también sanar y crecer.
Image: Plan International for Global Citizen

Para los 400.000 niños y niñas en edad escolar en Cox’s Bazar —el 40% con menos de 12 años—, la educación puede ser un refugio seguro y una oportunidad para salir adelante. En todas partes, los niños y niñas se merecen la oportunidad de aprender, pero la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) calcula que la mitad de los 3,5 millones de niños y niñas refugiados en edad de primaria en todo el mundo no pueden acceder a educación.

La mayoría de los niños y niñas que viven en Cox’s Bazar nunca han participado en educación formal, y quienes no van a la escuela a menudo tienen poco que hacer en los campamentos. Esa falta de oportunidades para aprender o participar en actividades los pone en alto riesgo de explotación.

En el Global Citizen Festival de 2022, la LEGO Foundation anunció un compromiso histórico de 25 millones de Dólares americanos para ECW, gracias a las Acciones de los Global Citizens.

Hoy, esta financiación está ayudando a ECW a llevar apoyo a crisis en todo el mundo, incluida la implementación de la estrategia de “aprender jugando” y métodos de aprendizaje basados en el juego en centros como el de Sheuly.

A través del juego, el alumnado de la escuela Shishu Bikash Kendra está desarrollando habilidades sociales y emocionales clave, la capacidad de defenderse a sí mismos y la conciencia emocional para poder afrontar el trauma. Esto también incluye formar a familiares en acompañamiento escolar y cuidados médicos básicos, para que la educación se convierta en una solución sostenible y profundamente arraigada en la comunidad.

El alumnado termina la jornada y espera a que sus familias lo recojan. Cuando hay crisis humanitarias (conflictos o desastres), lxs niñxs son especialmente vulnerables a amenazas.
Image: Plan International for Global Citizen

El programa de guardería y preescolar del centro, diseñado de forma profesional —Crèche and Preschool for Early Childhood Care and Education (ECCE)—, ofrece a los niños y niñas y a sus familias cuidado infantil, formación en nutrición y comidas, además de visitas médicas regulares.

Para los niños y niñas del centro SBK, aprender jugando está creando espacios seguros donde estos peques resilientes no solo pueden aprender, sino también sanar y florecer.

Nishu Moni y Amin, dos estudiantes rohinyás de cinco años del centro, adoran la escuela porque allí pueden aprender mientras juegan. “Aquí aprendemos con juegos y hemos adquirido conocimientos sobre nombres de peces, nombres de flores, nombres de colores y nombres de animales”, dijo Amin.

Para Sheuly, aunque el futuro siga siendo incierto, las pequeñas victorias le dan alegría. “Después de la sesión, alguien del centro les muestra a sus padres lo que ha aprendido, y a mí me hace feliz escuchar los comentarios positivos de las familias”.

En 2022, ECW publicó un informe que reveló que el número de niños y niñas en edad escolar afectados por crisis que necesitan apoyo educativo creció de unos 75 millones en 2016 a 222 millones hoy.

Cuando estallan crisis humanitarias, como conflictos armados o desastres naturales, los niños y niñas son especialmente vulnerables a las amenazas. El estrés y la privación durante los años cruciales entre el nacimiento y los ocho años pueden provocar dificultades cognitivas, conductuales y emocionales más adelante, en la niñez y también en la vida adulta. Las intervenciones en primera infancia en contextos de crisis les dan a los niños y niñas la oportunidad de prosperar e imaginar un futuro más allá de esas circunstancias.

Nishu y Amin, dos estudiantes rohingya de 5 años del centro, aman la escuela porque allí aprenden mientras juegan.
Image: Plan International for Global Citizen

Para los niños y niñas rohinyás en Cox’s Bazar, la educación es un primer paso clave hacia la normalidad y una forma de seguir adelante, pese a vivir en una situación inestable como personas desplazadas sin derechos de ciudadanía y sin poder volver a casa.

La financiación de la LEGO Foundation está ayudando a ECW a seguir ofreciendo espacios seguros para niños y niñas refugiados como Moni y Amin, para que puedan sanar de lo que han presenciado y acceder a servicios y cuidados esenciales.

El acceso a la educación es un derecho de todos los niños y niñas. El juego les da a los niños y niñas refugiados la oportunidad de aprender sobre el mundo que los rodea y a verse como parte de él.

Tus acciones están ayudando a garantizarlo — empieza a actuar hoy mismo descargando la app de Global Citizen o entrando en nuestro sitio web para Tomar acción.