Krystal Mwesiga Birungi todavía se acuerda de ver a su hermano menor luchar contra la malaria.

Le daban convulsiones mientras su mamá intentaba bajarle la temperatura y mantenerlo estable, haciendo lo que podía con recursos limitados. En ese momento, el tratamiento no siempre estaba al alcance, y cada vez que se enfermaba todo venía con incertidumbre.

Esos momentos se le quedaron grabados. No solo moldearon cómo ve la enfermedad, sino también el trabajo al que hoy ha comprometido su vida.

Ahora, su meta más importante es ayudar a eliminar la malaria en Uganda para que, cuando su hijo —que hoy tiene siete años— tenga un hijo, ese niño no se vea afectado ni siquiera sepa qué es la malaria.

En otros países, para cuando un niño cumple cinco años, se espera que sepa leer, contar y reconocer formas. En Uganda, la realidad se ve un poco distinta.

La malaria sigue siendo uno de los desafíos de salud pública más importantes en Uganda. El país concentra una parte significativa de los casos de malaria a nivel global, y los niños menores de cinco años están entre los más afectados.

Aunque con el tiempo han mejorado los esfuerzos de prevención y el acceso al tratamiento, la enfermedad sigue presionando a las familias y a los sistemas de salud en todo el país.

Según la Organización Mundial de la Salud, la malaria sigue siendo una de las principales causas de enfermedad y muerte en Uganda. Solo en 2023, el país registró más de 16 millones de casos y 2793 muertes, la mayoría entre niños menores de cinco años.

“Cuando mi hijo cumplió cinco, hice un post larguísimo en LinkedIn porque estaba feliz de verdad. [Dije] que literalmente ya tenía cinco años, y pensé en que muchas veces los papás se alegran porque su hijo ya puede leer y deletrear. Para mí fue: ‘mi hijo tiene cinco, y está vivo’. Lo demás no me importa; está vivo. Ya veremos lo de leer, etc. Cuando conoces las cifras de la malaria, se vuelve muchísimo más real para ti”.

Krystal Birungi, ganadora del Global Citizen Prize 2026, analiza muestras en el lab para reforzar diagnóstico, tratamiento y prevención en Uganda. Imagen: Suhail Patel para Global Citizen

Conoce a Krystal, la sobreviviente

La ganadora del Global Citizen Prize es una crack para las entrevistas. Basta con hacerle una sola pregunta sobre su trabajo y te explica, con lujo de detalle, por qué es tan importante la lucha contra la malaria: desde lo que pasa en terreno hasta la investigación, el trabajo con comunidades y la incidencia que todo esto implica.

Le apasiona su trabajo de incidencia en Uganda porque “mi hijo vive aquí”.

Birungi nació y creció en Uganda, y para cuando era adolescente ya tenía clarísimo qué quería hacer de grande. Tal vez no sabía exactamente cómo, pero sí sabía que quería arremangarse y ser parte de los esfuerzos para terminar con la malaria.

Le decían que, si de verdad quería ayudar a la gente, debía hacerse doctora. Pero Birungi quería entender “el porqué”, y la genética podía darle esa respuesta.

Tiene una doble especialidad en Zoología y Botánica en la Universidad de Makerere y es entomóloga y defensora contra la malaria en Target Malaria; actualmente trabaja como defensora de Investigación y Vinculación Comunitaria.

“Aquí, a todo mundo le ha afectado la malaria. Si tiras una piedra, es más probable que le pegues a alguien que la ha tenido que a alguien que no. Si eres adulto, has sobrevivido a la malaria. En serio, es casi universal aquí”.

Ella es una de esas personas. Tuvo malaria de niña y después vio a su hermanito enfrentar síntomas más graves.

“Recuerdo esa sensación de impotencia. Estar en una situación en la que no podíamos pagar mosquiteros, y apenas podíamos pagar los medicamentos. Cada vez que nos enfermábamos, no sabíamos si íbamos a sobrevivir”, cuenta.

Y no fue su propia experiencia con la enfermedad lo que le encendió la chispa.

“Fue ver a mi hermano menor sufrir, porque a él le daban convulsiones. A mi mamá le tocaba lidiar con eso, tratando de limpiarlo, mantenerlo fresco y controlar las convulsiones. Era esa impotencia de saber que existe un medicamento para la enfermedad, pero no poder pagarlo, así que lo único que puedes hacer es rezar. Eso me pareció profundamente injusto”.

Tenía 14 años cuando empezó a ver cambios, a medida que el mundo se unía para combatir la malaria.

La comunidad global distribuyó mosquiteros y medicamentos gratis. “Vi que sí se puede hacer algo contra la malaria; no tiene por qué ser nuestra vida. De repente, mi hermano ya no tenía convulsiones cada vacaciones cuando yo lo veía. Vuelves a casa desde la escuela y nadie se enferma de malaria en toda la temporada”.

Ganar el Global Citizen Prize

Birungi no se toma esta victoria a la ligera. Durante años ha tocado puertas con un solo enfoque: todo el mundo tiene que jugar un papel para acabar con la malaria.

En el centro de su trabajo está la participación de la comunidad. Por ejemplo, ahora existen vacunas contra la malaria. Son cuatro dosis, y la incidencia y el trabajo comunitario se encargan de que la gente entienda qué es la vacuna y confíe en ella. De ayudarles a ver que vale la pena tomarse el tiempo de llevar a sus hijos a vacunarse, aunque eso signifique perder ingresos ese día.

Por eso, ganar el Global Citizen Prize no es cualquier cosa.

“Es el reconocimiento de que este trabajo importa; alguien lo miró y dijo que esas vidas importan. Las 600,000 personas que se ven afectadas por la malaria cada año, esas vidas importan”, dice.

“Y además está el hecho de que me da la oportunidad de llegar a personas que jamás habrían escuchado sobre la malaria y recordarles por qué les tiene que importar. No es solo un número; son nuestros niños, son personas reales, y cada vida importa… pero no si nadie se entera.

“Se están muriendo todos estos niños y nadie lo sabe. Global Citizen es increíble porque significa que voy a poder hacer ruido por lo menos durante un año. Pase lo que pase, la gente me va a escuchar, y a veces eso lo cambia todo”, dice Birungi.

Va a aprovechar esta oportunidad para poner el foco en todo el trabajo que todavía falta para erradicar por completo la malaria.

“Es un honor enorme, pero también un gran privilegio recibir este premio, porque significa que tengo una plataforma que muchísimas personas no tienen y, en un momento como este, es mi responsabilidad hacer que cuente. La malaria tiene que ver con la humanidad, con la vida, y debería ser un tema de Global Citizen”, dice.

“Si, al final del año, le pregunto a alguien si sabe por qué debería vacunarse contra la malaria y me dice que sí, voy a sentir que fue un año muy bien aprovechado”.

Una gran soñadora

Birungi puede hablar sobre la malaria durante horas. De hecho, lo hace. Destaca lo importante que es colaborar, trabajar para que África cree las herramientas que ayuden a enfrentar la malaria y asegurarnos de no perder ni un centímetro de terreno en los esfuerzos por combatirla.

Y no va a soltar el relevo hasta llegar a su meta.

“A lo largo de mi carrera, sueño en grande. Vamos a eliminar la malaria. Para cuando me toque jubilarme, ya no habrá malaria”.

Acaba de cumplir 38.

“Como mínimo, para cuando llegue ese momento, será cuestión de monitorear para asegurarnos de que de verdad la hayamos eliminado”, continúa.

“No habrá casos locales, y de verdad creo que, con la tecnología que se viene, es posible. Por eso me apasiona mi proyecto con mosquitos genéticamente modificados; por eso me emociona cuando la gente trabaja en vacunas de nueva generación. La comunidad científica ya está empezando a hacer algo ahora; nos toca a nosotros asegurarnos de que este trabajo siga en el centro de la conversación”.

Profiles

Combate la pobreza

Por qué Krystal Birungi lucha por acabar con la malaria

Por Thulani Gqirana