Hace exactamente diez años, los líderes de todo el mundo se reunieron en París y firmaron uno de los pactos globales más ambiciosos de nuestro tiempo: el Acuerdo de París, un compromiso legalmente vinculante para enfrentar juntos la crisis climática. Nacido de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y puesto en marcha oficialmente unos meses después, en el Día de la Tierra de 2016, este acuerdo revolucionario unió a casi todas las naciones del mundo con el objetivo compartido de limitar el calentamiento global muy por debajo de los 2°C, intentando quedarse en 1,5°C, y fortaleciendo la adaptación y la resiliencia climática para las comunidades más vulnerables.
En esencia, el Acuerdo de París presentó un marco de abajo hacia arriba: cada país fija sus propias metas climáticas a través de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs), o planes concretos para reducir emisiones y aportar inversiones a la financiación climática, que se actualizan cada cinco años para ser cada vez más ambiciosos. Esos planes son donde los grandes sueños del Acuerdo se convierten en acción, permitiendo que cada país asuma su parte justa en el reto global que no entiende de fronteras.
En la última década hemos visto una cooperación internacional sin precedentes, impulsando inversiones récord en energías limpias y transformando por completo las políticas climáticas del mundo. Sin embargo, las emisiones siguen creciendo y las temperaturas superan los límites seguros, una señal clara de que queda mucho por hacer y el trabajo debe ser aún más urgente.
Global Citizen lleva mucho tiempo impulsando este duro trabajo, convirtiendo la acción ciudadana en impacto climático real. Ahora que el Acuerdo cumple su décimo aniversario, es el momento perfecto para reflexionar y renovar nuestro compromiso de acelerar acciones climáticas justas y equitativas para todas las personas y el planeta.
El máximo objetivo del Acuerdo de París: proteger la naturaleza
Uno de los elementos más visionarios del Acuerdo de París fue reconocer que la naturaleza es mucho más que un paisaje: es clave para la supervivencia de nuestro planeta. Los ecosistemas críticos como bosques, océanos, humedales y pastizales mantienen la biodiversidad, absorben carbono, regulan la temperatura, cuidan los ciclos del agua y protegen a comunidades vulnerables ante los impactos del clima. En el Artículo 5, los países se comprometieron específicamente a cuidar los sumideros naturales de carbono —zonas que absorben más carbono del que emiten— y a incluir soluciones basadas en la naturaleza en sus planes climáticos.
Y esa visión ha crecido como nunca en estos diez años. Desde fondos para proteger bosques hasta mecanismos de pago que relacionan la financiación climática con la conservación, han surgido nuevas herramientas políticas y financieras para llevar la estrategia de poner a la naturaleza primero, del Acuerdo de París, al corazón de la acción. Por ejemplo, Indonesia usa los modelos REDD+ para reducir la deforestación y las emisiones por uso de suelo, restaurar millones de hectáreas de bosques y turberas, y mejorar la protección forestal, en línea con sus objetivos climáticos.
Pero esto no es solo cosa de gobiernos. La sociedad civil y personas como tú también están impulsando el cambio mundial. Global Citizen ha buscado que la acción ciudadana llegue aún más lejos. A través de sus campañas, y mucho antes de que la naturaleza fuese protagonista en las grandes conferencias climáticas, Global Citizen destacó la importancia de cuidar los bosques y ecosistemas sobre el escenario. Desde apoyar áreas protegidas marinas en la Isla Ascensión hasta amplificar iniciativas de educación ambiental para llegar a más de 18 millones de jóvenes en India, Global Citizen ha sembrado conciencia pública sobre la importancia de actuar por la naturaleza. En 2021, Global Citizen también ayudó a obtener compromisos de seis estados de la Amazonía brasileña para ampliar áreas protegidas, fortalecer programas de adaptación y establecer objetivos ambiciosos de reducción de emisiones.
Ese trabajo de base nos preparó para la iniciativa más ambiciosa en favor de la naturaleza hasta la fecha: la campaña Protege la Amazonía. Lanzada en 2024, esta campaña partió de la idea central del Acuerdo de París: proteger los bosques es inseparable de proteger el planeta. A lo largo de ese año, Global Citizen movilizó a personas de todo el mundo y, en total, se realizaron 4,4 millones de acciones para pedir nuevas políticas valientes e inversiones en la Amazonía y en su gente. El cierre de la campaña fue el Global Citizen Festival: Amazônia, nuestro primer festival musical en Latinoamérica. Allí, estas millones de acciones lograron anuncios en el escenario por parte de líderes mundiales para dar protagonismo al liderazgo indígena y la gestión local, invertir en fondos de soluciones basadas en la naturaleza, y comprometer más de $1.000 millones de dólares para proteger y restaurar 31 millones de hectáreas de la Amazonía, uno de los sumideros de carbono más importantes del planeta.
A diez años, la energía limpia marca la diferencia
Una de las mayores luces que encendió el Acuerdo de París ha sido el desarrollo y la inversión en energías limpias. La meta principal de limitar el calentamiento a 1,5°C no deja dudas: el mundo debe alejarse rápido del carbón, el petróleo y el gas, y abrazar energías más limpias. Para alcanzar los objetivos del Acuerdo no basta con recortar emisiones —hay que transformar por completo la manera en que producimos y consumimos energía, sobre todo en los países ricos que más gastan.
Esa transformación ya está en marcha de verdad. Desde la firma del Acuerdo, las energías renovables se han disparado, cambiando mercados y desmintiendo viejas creencias. La energía solar es ahora la fuente de energía más barata en la historia; la eólica y otras renovables compiten mano a mano con los combustibles fósiles en muchas regiones, señalando que estamos en pleno boom mundial de energía limpia. Solo en 2024, más del 90% de la nueva capacidad eléctrica instalada fue renovable. Es más, en 2025 la energía renovable superó por primera vez al carbón, algo impensable hace apenas una década.
La transición a la energía limpia es imparable. Ahora, en Global Citizen queremos acelerar esa transición, empezando por convertir la conciencia en acción. Global Citizen trabaja de la mano con gobiernos, expertos en políticas, aliados del sector privado e iniciativas globales como la campaña Race to Zero para transformar metas ambiciosas de neutralidad en compromisos reales. Dando protagonismo a Race to Zero en festivales, campañas digitales y acciones presenciales, Global Citizen ha movilizado mediante presión pública con un enfoque de alto nivel allá donde más importa, logrando compromisos de grandes corporaciones y decenas de gobiernos subnacionales — desde las costas de Estados Unidos hasta Maharashtra y Asker Kommune en India.
Uno de los mayores esfuerzos de Global Citizen hasta la fecha para avanzar hacia este objetivo ha sido la campaña Scaling Up Renewables in Africa (SURA), que arrancó en 2024 en colaboración con la Comisión Europea y la República de Sudáfrica, y contó con el apoyo de políticas de la Agencia Internacional de Energía. SURA nació con metas increíblemente ambiciosas: triplicar la capacidad de energía renovable en todo el continente africano para 2030 y contribuir a cerrar la brecha de pobreza energética para los aproximadamente 600 millones de personas en África que hoy viven sin acceso confiable a energía eléctrica. Un año después, esas metas empezaron a hacerse realidad. Culminando en el evento Global Citizen NOW: Johannesburgo (que se celebró paralelamente a la Cumbre del G20 en Johannesburgo), SURA consiguió presionar tanto a líderes del sector público como privado para lograr un conjunto de compromisos financieros y políticos nuevos y con plazos definidos, impulsando aún más el progreso en todo el continente. En un momento marcado por el rápido crecimiento poblacional y los crecientes efectos del cambio climático, desde el escenario de Global Citizen, líderes anunciaron compromisos que proveerán electricidad a más de 17,5 millones de hogares y sumarán 26,8 gigavatios de energía renovable en África. Cada megavatio representa mucho más que poder encender una luz: permite acceso a la educación, da energía a centros de salud y crea nuevas oportunidades económicas para comunidades que han estado demasiado tiempo en la oscuridad.
Complementando el llamado a la acción del Acuerdo de París por un futuro de energía limpia, está el Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, un marco que detalla cómo el mundo puede dejar atrás el carbón, el petróleo y el gas de una vez por todas, y pide a los países que detengan la expansión de los combustibles fósiles, garanticen seguridad económica para trabajadores y comunidades, y escalen las energías renovables rápidamente. Global Citizens de todo el mundo respaldan este plan con más de 135,195 acciones en apoyo al tratado — una presión clave para captar la atención de líderes globales. En el Global Citizen Festival de 2023, Antigua y Barbuda se convirtieron en el primer país del Caribe en apoyar el tratado, mientras que Timor-Leste hizo historia al ser el primer país productor de petróleo en sumarse, marcando un momento clave en la creciente fuerza diplomática del tratado. Ahora, este tratado cuenta con el respaldo de una coalición global cada día mayor, que incluye a 18 países, más de 145 ciudades y gobiernos subnacionales, instituciones como la Organización Mundial de la Salud y el Parlamento Europeo, 101 laureados con el Nobel, miles de científicos y organizaciones de la sociedad civil, naciones indígenas, líderes religiosos y más de un millón de personas en todo el mundo.
Desbloqueando financiamiento climático: la mayor promesa del Acuerdo de París
A lo largo de todas estas campañas, hay una verdad clara: la acción climática no puede avanzar si no hay dinero que la respalde. El Acuerdo de París también es una promesa para proteger a las personas y garantizar que nadie quede atrás. Pero los países más ricos hoy, aquellos con economías industrializadas y altas tasas de consumo de energía, históricamente han contribuido más a la crisis actual. Paradójicamente, quienes menos han contribuido, desde pequeñas islas hasta países afectados por desastres climáticos extremos, son quienes más sufren, con la posibilidad de que más de mil millones de personas sean desplazadas por el cambio climático para 2050. Para estas personas, las inundaciones, sequías, olas de calor extremo y el aumento del nivel del mar amenazan su vida, sus medios de subsistencia y su dignidad humana básica.
La adaptación sigue estando muy subfinanciada como parte de la solución a este problema. Estos proyectos abarcan desde viviendas resistentes a tormentas, cultivos tolerantes a sequía, sistemas de agua confiables y fuertes redes de seguridad social, hasta inversiones necesarias especialmente en países de bajos ingresos, sobre todo en África, donde los gobiernos tienen dificultades para financiar infraestructuras adaptadas al clima e invertir en un futuro de energías limpias. En 2009, los países más ricos se comprometieron a destinar $100 mil millones al año para apoyar la acción climática en países en desarrollo. Pero ese compromiso solo se alcanzó por primera vez en 2022, 13 años después — y, aun así, la mayoría de ese dinero se ofreció en forma de préstamos, lo que obligó a muchos países vulnerables a endeudarse para proteger a su gente. De ese total, solo $32.4 mil millones se destinaron a adaptación, muy por debajo del estimado de $387 mil millones al año que serán necesarios para 2030.
La COP29 en 2024 llegó para redefinir la agenda. Las y los líderes acordaron una Nueva Meta Colectiva Cuantificada — es decir, una nueva meta global de financiamiento climático para que todos los países la alcancen, con un plan para definir cómo, dónde y cuándo repartir ese dinero — de $300 mil millones anuales para 2035, además de buscar movilizar $1.3 billones al año sumando fondos públicos y privados.
Con esto en mente, Global Citizen pide a los países ricos que respalden con acciones reales sus discursos y actúen a favor de la adaptación. Para lograrlo, Global Citizen moviliza a millones de personas activas en todo el mundo para crear impulso claro y potente en favor del financiamiento climático. Al visibilizar la necesidad de financiar la adaptación, las energías renovables y la protección de los bosques, Global Citizen amplifica la presión para que los países ricos cumplan, igualen y vayan más allá de sus compromisos bajo el Acuerdo de París.
En concreto, las demandas de financiamiento concreto para la adaptación han sido el pilar principal de la campaña Protege la Amazonía, mostrando a los líderes que la ciudadanía exige justicia, equidad y rendición de cuentas. Y los países están empezando a dar un paso al frente. Noruega demostró lo que significa liderar en clima al comprometer hasta $3 mil millones en Global Citizen NOW: Río de Janeiro para el nuevo Fondo de Bosques Tropicales para Siempre, dejando claro que proteger los bosques del mundo, y las comunidades que dependen de ellos, no solo es una urgencia moral, sino también una inversión clave en la estabilidad y resiliencia global de todas y todos.
Global Citizen también ha sido un impulsor muy activo de enfoques innovadores para el financiamiento climático. Como aliado del Global Solidarity Levies Task Force, Global Citizen busca animar a los gobiernos de todo
El mundo está comenzando a buscar nuevas formas de recaudar ingresos al proponer impuestos a industrias altamente contaminantes, como la aviación, y a personas extremadamente ricas. Así, los países pueden encontrar nuevas fuentes de financiación sin endeudarse, invirtiendo directamente en proyectos locales de mitigación y adaptación, y redirigiendo el dinero de los contaminadores hacia el bienestar público. Esta propuesta de Impuestos Solidarios se basa en el principio de “Responsabilidad Común pero Diferenciada”, consagrado en el Acuerdo de París. Básicamente, significa que todas las personas tienen que aportar en la lucha contra el cambio climático, pero cuánto debe dar cada quien depende de su capacidad de pago y cuánto ha contaminado históricamente. Hasta ahora, Global Citizen ha logrado reunir a más de 231 organizaciones de la sociedad civil y a más de 100,000 Global Citizens para pedir a los gobiernos que se sumen a este esfuerzo. Y ya se notan resultados. Con la reciente Coalición Solidaria de Vuelos Premium, ocho gobiernos están creando planes para implementar un pequeño impuesto a quienes más viajan en avión, lo que podría representar una gran suma para la acción climática.
Lo que viene
El gran avance logrado en 2025 demuestra que sí se puede lograr una acción climática significativa cuando los gobiernos, la ciudadanía, la sociedad civil y el sector privado se unen y trabajan juntos. Sin embargo, la urgencia de la crisis climática no puede subestimarse. Los eventos climáticos extremos se intensifican, el nivel del mar sigue subiendo y millones de personas—especialmente en países de bajos ingresos y vulnerables al clima—padecen las consecuencias. Persiste la desigualdad energética, los bosques se siguen perdiendo y los combustibles fósiles se queman sin freno, mientras el objetivo de 1.5°C se ve cada vez más lejano.
Aun así, hay motivos para tener esperanza y liderazgo. Países como Noruega, Alemania y Francia demostraron que con voluntad política y los recursos adecuados, el financiamiento climático y la adaptación pueden escalar. Pero en Global Citizen, nuestro trabajo es garantizar que esto sea apenas el inicio.
Para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París se necesita acción más veloz, audaz y coordinada. Cada año que pasa, aumenta el costo humano y ecológico de la inacción. El mundo tiene que actuar ya para cerrar las brechas en financiamiento climático, acceso a energía y protección de bosques. En Global Citizen, junto con nuestros socios y gracias a la fuerza de una ciudadanía comprometida, seguiremos impulsando este trabajo, exigiendo responsabilidad de quienes lideran, amplificando las llamadas a la acción, y asegurando que las promesas del Acuerdo de París se conviertan en realidad.