El umbral de la miseria es más que una metáfora. Se trata de la lucha cotidiana que enfrentan millones de individuos en el mundo que no pueden solventar la canasta de alimentos básicos. 

Conforme la cifra de personas que padecen hambre aumenta de manera considerable en todo el mundo —en medio de crisis como el costo de la vida, el clima y la comida—, el pan mismo se ha vuelto un símbolo importante de lo que carece mucha gente. 

Ya que ¿cómo visualizar o expresar las cifras alarmantes del hambre en aumento, esta realidad para mucha gente y de qué manera el hambre y la pobreza se cruzan? El pan puede ser un buen lugar para empezar.

En Marruecos, el pan se prepara por lo regular en casa. Sin embargo, en medio de un incremento global en los precios provocado principalmente por la emergencia climática y el conflicto entre Rusia y Ucrania, nunca una cifra tan elevada de personas —en particular aquellas que viven en las ciudades— no pudo comprar el trigo que necesita para hacer su pan. 

En Ucrania —alguna vez conocido como la canasta de pan del mundo— el conflicto ruso ucraniano ha provocado que 7.1 millones de personas caigan en la pobreza, un incremento de 24.2% desde 2022. Actualmente, en todo el país, algunas veces más de 500 personas al día reciben pan y otras necesidades de centros de distribución de alimentos.  

Mientras tanto en Egipto casi una tercera parte de los 109 millones de habitantes vive por debajo de la línea de la pobreza y muchos más luchan por sobrevivir cada día. En 2008, cuando el entonces presidente, Hosni Mubarak, incrementó el precio del pan, la consigna de “pan, libertad, justicia social” se convirtió en un eco en las calles y condujo a su caída tres años después. Actualmente, Egipto es el mayor importador de trigo en el mundo al adquirir más de 60% de su trigo en el extranjero.

El maíz, al igual que otros cultivos de alimentos básicos, peligra también en Ghana. La inflación, los costos de combustible en aumento y los efectos de diversas crisis globales perjudican los suministros de alimentos básicos para los ghaneses, lo que está provocando hambre en toda la región subsahariana.

Olvidémonos del pan literalmente por un momento y consideremos el umbral de la pobreza, mejor conocido como la línea de la pobreza

El umbral de la pobreza es básicamente la línea de la pobreza extrema global o el ingreso mínimo que un individuo gana para sobrevivir al día.

“Los precios elevados de los alimentos tienen consecuencias de gran alcance para los hogares y las comunidades vulnerables que van más allá de los impactos en la comida y la nutrición”, afirmó Asma Lateef, responsable de política y promoción  en el SDG2 Advocacy Hub Secretariat.

“En promedio, los hogares pobres gastan una parte considerable de su presupuesto doméstico en comida. Cuando los precios de los alimentos incrementan, tienden a hacer recortes”, continuó. “Esto puede darse de diferentes maneras: saltándose comidas, renunciando a alimentos saludables y más nutritivos o dejando de buscar la asistencia médica requerida”.

Según el Banco Mundial, aproximadamente 42% —o 3.14 mil millones de personas— de la población global no puede costear una dieta saludable. 

En 2021, el costo promedio diario global de una dieta sana fue de $3.66 dólares, el cual está por encima tanto de la línea de la pobreza internacional de $2.15 dólares como de la línea de la pobreza alimenticia de $1.12, que está establecida en 52% de la línea de la pobreza internacional (basada en la parte promedio de ingreso que los hogares en los países de ingresos bajos gastan en comida).

Lo que significa que en realidad las comunidades afectadas de una manera severa — ubicadas principalmente en Latinoamérica y el Caribe, África subsahariana y en el sur de Asia— tienen que gastar una parte más elevada de sus ingresos sólo en la compra de comida. Como resultado deben renunciar a otras cosas esenciales como la educación o el cuidado de la salud, además de comprar alimentos más baratos pero menos nutritivos. 

“Cuando los precios de los alimentos aumentan debido a la interrupción de la cadena de suministro como hemos visto a nivel global durante la pandemia y de la guerra en Ucrania, o por los impactos relacionados con el clima en la producción y el transporte, esto puede tener un impacto devastador con consecuencias en la nutrición”, afirmó Lateef.

Al igual que las ventajas de salud que son evidentes para las personas, las dietas más saludables también son mejores para el planeta: reducen los costos sociales de las emisiones de gases de invernadero causadas por la alimentación hasta 75% a nivel global; además de que son una herramienta poderosa para la reducción de la pobreza, la sostenibilidad ambiental y la salud pública global. 

Lateef afirmó que actualmente hay 73 países y territorios que enfrentan una emergencia alimentaria, con una cuarta parte de mil millones de personas en cuatro países que sufre hambre extrema de diversos niveles.

“Se prevé que una parte de la población en Sudán del Sur, Burkina Faso, Somalia y Mali sufra niveles catastróficos de inseguridad alimentaria aguda este año [2023]”, afirmó Lateef. “La crisis alimentaria global amenaza con revertir décadas de progreso en el hambre, la nutrición, la salud y otros indicadores globales de desarrollo sostenible”.

Según el Banco Mundial, más de 90% de la población en África subsahariana no puede costear una dieta nutritiva.

Muchos hogares por debajo de la línea de la pobreza con frecuencia se encuentran fuera del mercado laboral o no encuentran trabajo de manera regular, lo que limita su acceso tanto a un ingreso regular como a la protección social, que ayudan a proveer seguridad alimentaria. 

El trabajo digno y regular brinda acceso a la seguridad social para los trabajadores y sus familias, e incluso los miembros más jóvenes de una familia, que sirven como una red de seguridad vital, al guiar a otros individuos y familias hacia la autosuficiencia y al romper el ciclo de la pobreza.

Para la gran mayoría de las personas que vive en la pobreza extrema en comunidades de zonas rurales en países de ingresos medios y bajos, una solución clave es priorizar las necesidades de los pequeños agricultores, quienes tienen la responsabilidad de producir aproximadamente un tercio de la comida mundial.

“La mayoría son pequeños agricultores y productores de alimentos a pequeña escala y una gran mayoría son mujeres. Está comprobado que las intervenciones, que impactan directamente la comida y la seguridad alimentaria y el sustento de los pequeños agricultores y sus hogares, tienen un impacto mayor [en el hambre]”, afirmó Lateef.

Para 2050, las previsiones del calentamiento global actuales podrían resultar en una pérdida de 30% del maíz actual y de la zona de cultivo de plátano, y de 60% de las zonas de cultivo de frijol para casi todo África.

“Con el tipo de apoyo correcto, los pequeños agricultores pueden contribuir a la diversificación de la producción de comida, reduciendo los costos de una dieta sana, mitigando el cambio climático a través de la agricultura regenerativa y de métodos agroecológicos, y transformando los sistemas de alimentos tanto locales como regionales para ofrecer una mejor nutrición de una manera equitativa y sostenible”, afirmó Lateef.  

Y cuando se trata de productos básicos como el pan, estudios recientes indican que los pequeños agricultores pueden producir trigo de un modo rentable al obtener el apoyo necesario. 

Para Lateef, abordar la pobreza extrema significa combatir el hambre a escala global, ninguno de los dos problemas excluye al otro. 

“Conocemos muchas de las soluciones que pueden ayudar al mundo a lograr la seguridad alimentaria y la disminución de la pobreza: fortalecer los sustentos de los pequeños agricultores a través del apoyo y el financiamiento para la adaptación climática, la inversión en organizaciones de agricultores”.


Declaración: Este contenido fue posible con fondos de la Organización Internacional del Trabajo.

Editorial

Combate la pobreza

Qué nos puede enseñar la historia del pan sobre el incremento considerable del hambre

Por Camille May