Rena Kawasaki es la fundadora de 20 años de Earth Guardians Japan, una organización que creó cuando tenía apenas 14. A través de su trabajo, se asegura de que las y los jóvenes puedan conectarse con el funcionariado público por medio de plataformas en línea, y de que sus ideas y preocupaciones sean escuchadas. Lo que empezó como una iniciativa pequeña, principalmente en su comunidad local, pronto creció e incluyó a más comunidades en Japón. Aunque el espacio cívico está abierto en Japón, las ideas conservadoras sobre la juventud y las mujeres han hecho que sus aportes se ignoren en gran medida en el ámbito político. Su trabajo le ha valido el reconocimiento del International Children’s Peace Prize en 2022, y del Young Activist Summit (YAS) en 2025. Actualmente está cursando su licenciatura en Estados Unidos.
Aquí, Kawasaki cuenta cómo desafió el status quo e hizo que el espacio cívico fuera más acogedor para la juventud japonesa.
Quería crear un espacio donde la juventud en Japón se sintiera con poder para expresar sus propias opiniones.
Lamentablemente, vivimos en una sociedad donde “el clavo que sobresale recibe el martillazo”, y no se anima mucho a que la gente joven —especialmente las mujeres— alce la voz. Por eso quería crear un espacio donde nadie se sienta avergonzado por intentar mejorar su comunidad. Más o menos al mismo tiempo, escuché que muchas de mis amistades, en distintas escuelas de Japón, estaban recibiendo críticas de sus propios docentes y de sus familias por intentar cambiar algunas cosas en sus escuelas. Yo quería crear un lugar en la comunidad donde las personas, sobre todo la gente joven, se sintieran con fuerza para hacerlo juntas.
Después de moderar un panel durante mis prácticas en una ONG llamada EarthX, le escribí por correo al grupo de activistas que, casualmente, formaba parte de la junta de Earth Guardians para ver si podía crear un capítulo en Japón. Y así fue como fundé Earth Guardian Japan a los 14 años.
Rena Kawasaki, fotografiada con amig@s el 13 de abril de 2026 en New Haven, CT.
Éramos una organización pequeñísima.
Lo empecé con mi amiga Tanishka; en realidad nació en nuestra escuela, con un par de integrantes que estaban interesados. Mi escuela iba de kínder a 12.º grado en el mismo campus. Teníamos muchas y muchos integrantes de primaria y secundaria. Todo arrancó con cosas pequeñas: hacíamos reuniones mensuales y nos juntábamos para hablar de los problemas y de lo que queríamos cambiar en la escuela. Luego, poco a poco, empezamos a pasar a cosas más grandes, como limpiezas de basura y asistir a conferencias de la ONU para que se escucharan nuestras voces. Fuimos creciendo hasta hacer más eventos que involucraban a comunidades más amplias alrededor nuestro, y de ahí nació el proyecto Let's Talk to a Politician. Este fue uno de mis proyectos más personales. Cuando empecé la preparatoria, hubo una elección nacional en Japón; muchas veces, la gente joven en Japón siente que la dejan de lado en los espacios políticos, así que no se involucra. Mucha gente se desinteresa, como si estos problemas fueran para que alguien más los arregle.
Quería iniciar un movimiento donde la juventud difundiera un diálogo pacífico entre personas que quizá no piensan igual.
Nunca pensé que me iban a poner la etiqueta de “activista” por tanto tiempo.
Pero siempre fui el tipo de niña a la que de verdad le importaban los temas sociales. Sentía que era alguien que destacaba, y también sufrí de bullying. Así que quería ser alguien que se asegurara de que las personas se sintieran bien. Por ejemplo, cuando era muy, muy chica, en primaria mi primera acción fue preguntarle a mi maestra de arte si podíamos hacer cosas para vender en la feria de la escuela y donar lo recaudado a campamentos para niñas y niños en zonas de guerra. Y así empezó mi camino en el activismo.
Mi activismo creció en 2020, cuando empezó el COVID y no pude ir a la escuela por alrededor de un año (por las órdenes de quedarse en casa). Sentí que estaba en una posición muy privilegiada cuando veía en las noticias a tanta gente batallando. Por ese tiempo también salió a la luz mucha corrupción política en Japón: había muchas noticias negativas sobre políticos usando su poder para hacer como si estuvieran por encima de las restricciones por COVID. No me gustó que ese tema estuviera causando tanta división en la comunidad donde vivía, así que quise hacer algo. Fue entonces cuando mi maestra de arte —la misma de cuarto grado— me contactó y me contó sobre un concurso de video sobre el clima en el que, según ella, yo podía participar.
Rena Kawasaki, fotografiada el 13 de abril de 2026. Fundó Earth Guardians Japan. Con su trabajo conecta a jóvenes con funcionari@s vía plataformas online, para que sus ideas y preocupaciones se escuchen.
Lo organizaba una ONG llamada EarthX. Hice un video y hablé de las corporaciones y el greenwashing, porque era algo que me apasionaba desenmascarar. Al video no le fue muy bien, pero eso me llevó a descubrir el sitio web de EarthX y a ver que estaban buscando pasantes. Eso me permitió empezar en este espacio de activismo climático, gracias a que tuve la oportunidad de hacer unas prácticas en línea con EarthX. Pude moderar un panel de activistas, en su mayoría de comunidades nativoamericanas, de la organización Earth Guardians. Ahí aprendí que había personas de 18, 20 años que estaban súper comprometidas con el activismo y estaban enfrentándose a grandes corporaciones y gobiernos para asegurarse de que sus comunidades estuvieran a salvo.
Japón tenía un historial fuerte de activismo juvenil violento en los 80.
Yo quería iniciar un Movimiento donde la juventud fuera la que buscara difundir un diálogo pacífico entre personas que quizá no se ven cara a cara. Así que reuní a un equipo que pudiera estar interesado. Empezamos a escribirles directamente a nuestras y nuestros políticos locales para ver si se animaban a unirse a una llamada por Zoom con nosotras, un grupo grande de nuestras amistades, y personas de escuelas secundarias y preparatorias locales. La idea era empezar una conversación y quitarle el estigma a la política para la gente joven, sobre todo para quienes todavía no tienen derecho a votar.
Todo empezó como una serie de reuniones mensuales por Zoom con distintos políticos de diferentes partidos. A diferencia de Estados Unidos, Japón tiene un número increíblemente grande de partidos políticos, así que para nosotras era importante incluir opiniones diversas. Todas esas reuniones por Zoom fueron moderadas por estudiantes de secundaria y preparatoria. Arrancábamos con conversaciones normales, como qué tipo de películas veían los políticos, y también nos metíamos en temas más grandes dentro de las comunidades. Nos aseguramos de que la juventud pudiera sentirse con la seguridad suficiente para expresarse frente a esos líderes, incluso si sus opiniones todavía no estaban del todo formadas. Y resultó ser un gran éxito. Incluso hubo políticos que cambiaron su planeación de campaña gracias a esto: antes solo iban a asilos o a lugares donde se reunía gente mayor. Empezaron a darse cuenta de que estaban dejando de lado a la juventud, porque sentían que no tenía nada que decir. Pero al ver una sala de Zoom llena de jóvenes con opiniones muy vivas y firmes sobre cómo querían que se viera su comunidad, se notaba que estaban impactados y hasta un poco decepcionados por no haberse dado cuenta antes.
También el Ministerio de Medio Ambiente reconoció nuestro trabajo por movilizar a la juventud y asegurarnos de que estos jóvenes tuvieran financiamiento para distintas comunidades. Empezamos como una organización súper local, pero luego mucha gente se enteró por mis apariciones en medios y por nuestro sitio web, y empezamos a tener integrantes de más lugares. Además, cofundé una cumbre juvenil llamada U18 Summit, que reunió a jóvenes que ya estaban haciendo muchísimo trabajo con sus propias comunidades, y los juntó en un campamento de dos días donde aprendieron sobre liderazgo.
Que el Young Activist Summit me reconociera fue como un nuevo punto de partida para mí.
Rena Kawasaki, fotografiada el 13 de abril de 2026 en New Haven, CT.
La última vez que recibí reconocimiento internacional por mi trabajo, sentí que no lo merecía o que no tenía suficiente experiencia o conocimiento como para alzar la voz sobre estos temas. Me daba mucha vergüenza dejar atrás a una comunidad para irme a estudiar fuera de mi país. También sentía que le estaba dando la razón a la gente que me atacaba en internet, como si no amara lo suficiente a mi país. Pero creo que, entre el International Children's Peace Prize y el Young Activist Summit, realmente reflexioné sobre el orgullo nacional y sobre sentir que puedo amar mi hogar y, al mismo tiempo, querer que sea mejor.
Me siento con muchísima suerte de que el equipo de YAS haya querido reconocer mis esfuerzos. Que reconocieran mi trabajo y, sobre todo, mi proceso de autodescubrimiento al atravesar el odio en línea, ha sido muy importante. Cuando gané el Children’s Prize, en mi discurso de aceptación les pedí a los políticos que se comportaran y actuaran para que la juventud en Japón se sintiera orgullosa de su país. Lo dije por unos videos que estaban circulando donde quienes tomaban decisiones estaban abiertamente dormidos durante reuniones del parlamento. La gente interpretó mi discurso como algo “en contra” del orgullo nacional y recibí un montón de ataques. Pero después me di cuenta de que podía usar esa experiencia traumática, hasta donde me fuera posible, como un escudo. Ese reconocimiento, en ese momento de mi vida, me cambió la vida y me hizo sentir que esta era mi segunda oportunidad. ¿Cómo puedo hacerlo bien, reconociendo mis debilidades y mi experiencia como activista en Japón, sin sentir vergüenza por señalar los puntos débiles del país que tanto amo?
De verdad ha sido súper reconfortante para mí que la comunidad de YAS me respaldara, porque yo estaba mega, mega nerviosa de volver a hablar en una plataforma tan grande. Fue algo que me cambió la vida.
Este artículo, narrado a Gugulethu Mhlungu, fue editado ligeramente para mayor claridad.
La serie 2025-2026 In My Own Words forma parte del contenido financiado por subvenciones de Global Citizen.