Hace treinta años, en el frío del mes de marzo danés y justo después del final de la Guerra Fría, líderes globales se reunieron en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Social de Copenhague con el propósito de discutir cómo trabajarían, vivirían y florecerían. Acordaron un principio fundamental: las personas deberían ser lo primero en la política de desarrollo global. Lo que resultó fue la Declaración de Copenhague sobre el Desarrollo Social, la cual se comprometía a erradicar la pobreza a través de la expansión de oportunidades de empleo y el fomento a la inclusión social; compromisos que conformarían la política global a principios del siglo XXI.

Un salto a Doha en noviembre de 2025, donde una nueva generación de legisladores, grupos de defensores, empleadores y trabajadores jóvenes se reunieron bajo un panorama de presiones distintas: un mundo reconformado por crisis globales y conflictos, el cambio tecnológico constante, las dificultades climáticas y la inseguridad laboral. En la Segunda Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Social, la Declaración Política de Doha buscó reafirmar y actualizar esa visión enfocada en la gente, la cual debe reflejar la economía actual, la tecnología y las realidades sociales, incluyendo la alteración digital, el impacto social de los choques climáticos, el crecimiento de las desigualdades, las brechas de las garantías sociales y la fragilidad del trabajo digno en una era de incertidumbre económica.

Actualmente, para muchos que ingresan a una carrera y la continúan, el empleo ya no garantiza la seguridad económica, tampoco la estabilidad ni la oportunidad equitativa. La promesa de Doha de reposicionar el desarrollo como una responsabilidad global compartida expresa directamente esa realidad vivida: el reconocimiento de que el contrato social necesita reiteración y repensarse.

Un panorama global en constante cambio: De Copenhague en 1995 a Doha en 2025

La Cumbre de Copenhague fue histórica precisamente porque colocó a las personas al centro del desarrollo. Se trató del principio que sostuvo el contrato social entre los gobiernos y los ciudadanos en una época cuando las naciones estaban redefiniendo su lugar en un mundo posbipolar. Los líderes se comprometieron a enfrentar las causas estructurales de la pobreza, el desempleo y la exclusión, al reconocer que la justicia social y la paz estaban vinculadas de un modo cercano. 

Sin embargo, las condiciones que conformaron los compromisos de 1995 se han ido desarrollando de una manera dramática. La explosión de las tecnologías digitales, el aumento de las cadenas de suministro globales, la distribución desigual de la riqueza, la crisis climática exacerbada y las tendencias demográficas en constante cambio han transformado cómo, dónde e incluso si la gente está en un empleo.

El empleo global parece resiliente. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) reportó el desempleo global cerca de niveles históricos bajos en 2024. Sin embargo, la agencia también indicó que el desempleo entre los jóvenes sigue siendo alto. La escasez de empleo y la falta de garantías afecta desproporcionadamente a la juventud. 

En partes de África subsahariana, por ejemplo, los mercados de empleo para la juventud siguen siendo inestables. 

En 2023, aproximadamente uno de cada cinco jóvenes de entre 15 y 24 años fue clasificado como NEET (por sus siglas en inglés) (ni en empleo, ni en la educación, ni en la capacitación), una tasa que excede el promedio global. Como resultado, la juventud ve sus oportunidades postergadas, ya que la creación de trabajo formal lucha por mantener el ritmo con las poblaciones de jóvenes en crecimiento.

Las disparidades de ingreso persisten dentro y entre países, incluso cuando las cifras de desempleo en los titulares mejoran. El trabajo informal sigue siendo una realidad para aproximadamente dos mil millones de personas en el mundo, y las brechas de género y regionales conforman los resultados del trabajo.

Doha 2025: Compromisos renovados para una era de incertidumbre

Fundada para promover la justicia social y proteger los derechos de los trabajadores, la OIT sigue argumentando que el trabajo digno y la seguridad humana son inseparables. Este principio perenne enmarca tanto las preocupaciones del mercado laboral actual como los compromisos hechos en Doha. 

La Declaración de Doha reafirma y recoge los asuntos inconclusos de la Declaración de Copenhague, replantándola para el mundo incierto en el que nos encontramos actualmente.

“2025. Hay un desorden global. Hay múltiples crises… y un nivel de incertidumbre en lo que respecta a hacia dónde vamos”, afirma Juan Somavia, exdirector de la OIT. “¿Y quiénes son los primeros en sufrir las incertidumbres? La gente. Se trata de la seguridad humana. Se trata de la seguridad de la gente. Lo que hace la [Declaración] de Doha es reiterar, en ese contexto, los conceptos de Copenhague”. 

El liderazgo actual de la OIT comparte esa urgencia de renovación, que ve a Doha como una reafirmación de que el progreso económico no puede separarse de la justicia social.

“La Cumbre envió una señal poderosa: que el progreso en la economía y en la sociedad van de la mano”, afirma Gilbert F. Houngbo, director general de la OIT. “El compromiso con la justicia, el trabajo digno y el diálogo hace que el multilateralismo tenga una cara humana, y pone la justicia social donde pertenece, al centro de la política global”.

Con esa perspectiva, los compromisos adoptados en Doha adquieren una urgencia renovada. Para la OIT, la declaración construye sobre compromisos pasados para fomentar transiciones justas en las economías verdes y digitales, invertir en garantías sociales universales con el fin de afrontar las desigualdades, reducir la desigualdad de género en los lugares de trabajo, abordar el desempleo entre los jóvenes y reforzar las instituciones laborales, el diálogo social y los acuerdos colectivos para promover el trabajo digno y el salario mínimo. 

Para apoyar el desarrollo inclusivo, Doha también amplió la participación en la conformación de estas soluciones. Junto con gobiernos, la cumbre atrajo líderes del sector privado, organizaciones de la sociedad civil y de trabajadores, y redes de jóvenes de todo el mundo quienes aportaron perspectivas reales mundiales sobre cómo la inestabilidad —por ejemplo, el incremento en los precios de los alimentos y el desplazamiento relacionado con el clima— afecta la capacidad de la gente para trabajar, ganar y florecer. Estas voces reforzaron un tema central de la cumbre: que el trabajo digno es inseparable de la seguridad humana.

¿Por qué Doha es importante para los trabajadores de hoy?

Para la juventud actual, el trabajo ya no ofrece las mismas certidumbres que ofrecía hace tres décadas cuando Copenhague las introdujo. Al menos que existan garantías en el lugar de trabajo, un empleo yo no es una garantía contra la pobreza y la inseguridad económica. El mercado laboral demanda flexibilidad, aprendizaje continuo y la capacidad de adaptarse a los panoramas digitales en constante cambio, además de la habilidad de navegar a través de la incertidumbre económica y política; aunque los derechos esenciales y las garantías se rezaguen. Los compromisos renovados de Doha son vitales porque reconocen que el trabajo es más que un ingreso; ocupa un lugar central en la dignidad, la voluntad y la resiliencia, y en la cohesión social.

El énfasis de Doha sobre el trabajo digno y las garantías sociales universal habla directamente de las brechas que los trabajadores jóvenes padecen. Al reafirmar la cooperación global y los marcos de política inclusivos, la declaración enfatiza que el desarrollo social debe mantener el paso con el cambio tecnológico y económico.

Para una generación que entra a trabajar en una era de incertidumbre, la Declaración de Doha afirma la necesidad de garantías sociales, además de rediseñar lo que la justicia y oportunidad deberían ser. Si Copenhague imaginó un mundo construido en la estabilidad, Doha enfrenta un mundo definido por la alteración. Su exhortación es simple pero urgente: asegura que el progreso da prioridad a la gente, sin importar el estado del mundo. Si esto se convierte en la base de un nuevo contrato social, dependerá de la coordinación de una política sostenida y del seguimiento en países e instituciones.  

Para una generación que está entrando al mundo laboral en medio de la incertidumbre, la Declaración de Doha afirma la necesidad de protecciones sociales mientras replantea cómo deberían ser la equidad y las oportunidades. Si Copenhague imaginó un mundo basado en la estabilidad, Doha se enfrenta a uno definido por la disrupción. Su llamado es simple pero urgente: haz que el progreso siempre ponga a las personas primero, sin importar el estado del mundo. Lograr que esto se convierta en la base de un nuevo contrato social dependerá de una coordinación constante de políticas y de seguir avanzando juntos, entre países e instituciones.

Global Citizen Explains

Combate la pobreza

¿Qué es la Declaración de Doha? ¿Y por qué es importante para la generación actual de trabajadores y empresas?

Por Global Citizen Staff