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A resident of Makoko signs a register prior to being given food, by the Nigerian Red Cross, distributing food for those suffering under coronavirus related movement restrictions, in Lagos, Nigeria, April 25, 2020.
Sunday Alamba/AP
Salud

¿Qué significa la desigualdad en la salud global para la recuperación del COVID-19 y cómo podemos solucionarlo?

Por qué es importante para los Global Citizens
Para ponerle fin a la pandemia de COVID-19, es esencial que el mundo se una para impulsar el desarrollo de pruebas, tratamientos y vacunas, y también para garantizar que todos, en todas partes, tengan el mismo acceso a estos recursos. Únete al movimiento tomando acción aquí para apoyar nuestra campaña Global Goal: Unite for Our Future.

El impacto desigual del COVID-19 se está sintiendo en todo el mundo: se ve en las diferencias entre los países más ricos y los más pobres, y también en las diferencias entre las comunidades más ricas y más pobres dentro de los países.

Sin embargo, sabíamos esto desde antes de la pandemia: cuando la salud del mundo está en peligro, los más pobres y vulnerables sufren más, pero son los últimos en ser tratados. 

Piensa en la epidemia del VIH/SIDA en los años 80, por ejemplo. El desarrollo de opciones de tratamientos, tales como la combinación de tres medicamentos antivirales distintos tomados en conjunto que fue aprobada y promovida en 1996, no mostró de manera inmediata una mejora global y equitativa para todos los que padecían la enfermedad. 

Los índices de mortalidad y hospitalización cayeron de manera dramática en los países y comunidades en donde dichos tratamientos estuvieron disponibles: en 1997 la mortalidad en Estados Unidos del VIH/SIDA bajó un 50%, por ejemplo; y, en los 23 años posteriores, el VIH/SIDA ha desaparecido por completo de la lista de las 15 causas más comunes de muerte en Estados Unidos.

Sin embargo, el VIH/SIDA siguió siendo la causa de muerte más común en África hasta el 2017 y sigue siendo un problema mayor de salud pública. Para el 2018, se estimaba que el 68% de todas las personas que vivían con el VIH viven en África subsahariana. 

Esa es una lección de desigualdad extrema en salud que el mundo no puede repetir mientras los científicos trabajan contrarreloj para desarrollar pruebas, tratamientos y vacunas contra el COVID-19. 

Hablamos con algunos expertos en desigualdad sanitaria para saber más acerca de las desigualdades a nivel global, cómo surgen e impactan en la vida de las personas, y cómo podemos actuar ahora para ayudar a resolver el problema. 

“En términos sencillos, la desigualdad sanitaria tiene efectos distintos para diferentes personas, y algunos sectores de la sociedad sufren peores consecuencias, normalmente es el resultado de no contar con el mismo acceso a servicios de salud, o porque los servicios de salud no están adaptados a sus necesidades”, le dijo a Global Citizen Louise McGrath, directora de programas de una de las ONGs de salud líderes en el Reino Unido, el Tropical Health and Education Trust (THET).

“También puede ser el resultado de circunstancias sociales existentes, tales como ser propenso  a ciertas enfermedades por no contar con una nutrición adecuada, por no poder acudir a una clínica, o por no poder pagar el costo de los servicios de salud”, agregó.  

El trabajo de McGrath en el THET consiste en establecer alianzas entre hospitales y otras instituciones en el Reino Unido y organizaciones de salud en países de bajos y medianos ingresos. Los objetivos de estas alianzas incluyen identificar los aspectos de los sistemas de salud que necesitan ser mejorados y empoderar a los países a aprender de manera conjunta de los sistemas de salud de los demás países. 

En los países de bajos y medianos ingresos la gente suele pagar por servicios de salud de su bolsillo, incluso en hospitales públicos, explica McGrath. La oferta también puede ser inconsistente, quizá sea más fácil acceder a un hospital de alta calidad en una ciudad, por ejemplo, que en una zona rural. Y así mismo, la información acerca de qué tipo de servicios sanitarios están disponibles puede ser insuficiente, y resulta que la gente no busca tratamiento cuando sí podrían conseguirlo, dijo McGrath.  

E incluso cuando las recomendaciones de salud pública llegan a la gente, las comunidades más pobres enfrentan el reto adicional al momento de seguir los consejos. 

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Por ejemplo, durante la crisis de salud del COVID-19, la gente que vive en la pobreza ha tenido más dificultad en tomar medidas preventivas para evitar contagiarse con la enfermedad. Quedarse en casa para minimizar el contacto con otras personas resulta imposible si es esencial salir a trabajar cada día para sobrevivir, y si uno no tiene acceso a agua limpia resulta imposible lavarse las manos de manera frecuente. 

El COVID-19 también representa una amenaza severa para las personas que viven en zonas de conflicto o en campos de refugiados saturados, y estas personas están entre las más marginadas del mundo, según la agencia para refugiados de la ONU (UNHCR). 

Más de 80% de los refugiados del mundo, y casi la mitad de las personas desplazadas, vive en países de ingresos bajos o medianos, reportó la UNHCR. El acceso limitado a agua, sistemas sanitarios y servicios de salud aumenta aún más la vulnerabilidad al virus de estas personas. 

Kathryn Bolles, directora adjunta de salud y nutrición en Save the Children, le dijo a Global Citizen que los niños que crecen en la pobreza extrema enfrentan enormes obstáculos frente a los problemas de salud evitables y las enfermedades prevenibles. 

“Sabemos que la mayoría de los niños marginados, muchas veces en zonas de conflicto, y aquellos en las áreas más pobres de una comunidad o país, están muriendo de manera desproporcionada por enfermedades que son completamente prevenibles”, dijo Bolles. 

Save the Children trabaja para proveer programas de salud e inmunización que protegen a los niños de estas enfermedades prevenibles. 

Bolles resalta el enorme progreso realizado en reducir el número de muertes por malaria, diarrea y enfermedades en los recién nacidos durante los últimos 20 años. La diarrea, por ejemplo, es la segunda causa de muerte en el mundo en niños menores de cinco años, pero el número de defunciones se redujo un 60% entre 2000 y 2017.

“Nosotros nos enfocamos en estos niños porque todavía no tienen las bases para sobrevivir y desarrollarse”, dice Bolles. “También sabemos que muchas veces son las niñas las que están más marginadas que los niños… si una niña tiene acceso inadecuado a los servicios de salud, nutrición y educación, es más probable que tenga ella misma un niño que también sufra de problemas de salud”.  

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A pesar de que el trabajo realizado ha dado grandes pasos para bajar el nivel de mortalidad de los niños menores a 5 años, que se redujo  en casi el 50% entre 1990 y 2013, todavía hay mucho más por hacer. Bolles cree que el COVID-19 es una amenaza al progreso ya realizado.

“¿Cuál va a ser el impacto del COVID-19 en un sistema de salud ya de por sí débil?” pregunta Bolles. “Italia tiene 40 doctores por cada 10,000 personas, mientras que Senegal tiene tan solo un doctor por cada 10,000 personas. Bangladesh tiene una población de 160 millones, pero solamente tiene 2 mil respiradores”.

Sin embargo, vivir en un país próspero tampoco garantiza que uno esté protegido de la pandemia. 

Los trabajadores de bajos ingresos son más propensos, en comparación con sus contrapartes de ingresos altos, a ser afectados por el coronavirus porque, entre otros factores de salud y estilo de vida, es más probable que desempeñen trabajos de cara al público, en sectores como el transporte, cuidados sociales y el comercio, y por lo tanto enfrentan más riesgo.

En Estados Unidos y el Reino Unido, estudios muestran que las personas en las comunidades de afrodescendientes, asiáticos y minorías étnicas han sido impactadas de manera desproporcionada por el coronavirus y enfrentan una mayor probabilidad de fallecer como resultado.

Incluso antes de la pandemia, los hombres de las comunidades más pobres de Estados Unidos tenían una expectativa de vida 15 años menor en promedio que los hombres de las áreas más pudientes, como resultado de la desigualdad sanitaria. Y para las mujeres la brecha respectiva es de 10 años

¿Qué podemos hacer ahora mismo para resolver las desigualdades sanitarias? 

Bolles afirmó que el trabajo que se ha llevado a cabo para reforzar los sistemas de salud global, desde la disponibilidad de instalaciones de salud hasta la participación de la comunidad para ayudar a circular información precisa sobre salud, ha demostrado tener un impacto positivo y debe continuar. 

Pero el tiempo es esencial: las proyecciones del país tanto para las muertes directas o indirectas del COVID-19 deben examinarse, dijo, y la financiación debe realizarse de manera inmediata para reforzar los sistemas que tendrán problemas para afrontar la presión. 

“Podemos proteger los sistemas ahora tanto como sea posible a través de la inversión en los mismos y al propugnar dentro de nuestras comunidades profesionales. Además de pedirle a nuestros gobiernos que lo hagan de inmediato, antes de que las cosas tengan un impacto”, dijo Bolles. 

“Tampoco podemos ver que las medidas habituales en los cuidados de salud se detengan durante esta crisis. Incluso cuando nos enfrentamos al COVID-19, debemos continuar con las inmunizaciones de rutina, ya que no podemos tener un  brote de sarampión al mismo tiempo”,  expresó. “También debemos seguir suministrando los mosquiteros de cama para mosquitos [con el fin de reducir el riesgo de malaria]”. 

Al igual que hacerle frente al problema urgente del  COVID-19, Bolles afirma que todos los niveles de cuidado en un sistema de salud amplio tienen aspectos que pueden reforzarse para ayudar a enfrentar brotes futuros “desde la participación comunitaria hasta las instalaciones de salud”.  

Mientras tanto, McGrath resaltó los problemas del suministro y la demanda relacionados con las herramientas indispensables para luchar contra el COVID-19, tales como la falta de equipos de protección para el personal médico y de primera línea que hemos visto en todo el mundo durante la pandemia del COVID-19. 

Como vimos durante los esfuerzos para enfrentar la epidemia del VIH/SIDA, existe el peligro real y presente de que las herramientas indispensables para luchar contra el COVID-19, a medida que éstas estén disponibles, no lleguen a las personas marginadas del mundo. Una vez más, existe el riesgo de ver una epidemia resuelta para los ricos, mientras que las personas en la pobreza y en comunidades marginadas podrían quedarse atrás.

McGrath también mencionó la importancia de las relaciones y la colaboración fiables entre los países para reforzar los sistemas de salud a nivel global. 

Citó un ejemplo al inicio del brote del COVID-19, cuando la universidad de King’s College London, en colaboración con las agencias de salud en Somalia, pudo ofrecer rápidamente consejos a los administradores de salud sobre cómo manejar la situación, debido a una relación de trabajo preexistente.  

“Los retos de llegar a todas las personas con los cuidados de salud adecuados es asegurarse de que un sistema de salud funcione como un todo”, afirmó McGrath. “Si hay una fuerza de trabajo para la salud pero no existe el equipo para suministrar los servicios, o dichos servicios no son bien administrados, entonces las cosas van a fallar”. 

El asunto importante que se debe realizar ahora y en el futuro, afirmó McGrath, es asegurarse de que todos los bloques del edificio encajen. 

Puedes unirte a nuestro movimiento para asegurarte de que todos, en todas partes, tengan acceso a las herramientas indispensables para terminar con la pandemia del COVID-19, tomando acciones para apoyar nuestra campaña Global Goal: Unite for Our Future. A través de esta campaña, puedes pedirle a los líderes del mundo que incrementen la financiación para asegurar el desarrollo de tests, tratamientos y vacunas contra el COVID-19; y que estas herramientas lleguen a todos de manera igualitaria.