La historia climática de Brasil no empieza en un solo lugar.
Empieza en la Amazonía, donde los bosques ayudan a regular las lluvias en todo el continente. Sigue en la Mata Atlántica, que moldea el paisaje y los sistemas de agua de ciudades como Río de Janeiro. Y se extiende al Cerrado, el Pantanal, la Caatinga y el Pampa: cada bioma con sus propias presiones ambientales, preguntas económicas y soluciones creadas desde lo local.
Por eso Brasil se está volviendo cada vez más clave en las conversaciones globales sobre clima y resiliencia económica. El país no solo alberga algunos de los ecosistemas más importantes del mundo; también es un lugar donde se están poniendo a prueba soluciones climáticas en bosques, humedales, pastizales, granjas, instituciones de investigación e iniciativas lideradas por comunidades.
Mientras los países buscan formas de equilibrar desarrollo económico, resiliencia climática, producción de alimentos y protección de la biodiversidad, la mirada se está volcando cada vez más hacia Brasil. Pocos países reúnen la escala de recursos naturales, la capacidad de investigación científica y la diversidad de ecosistemas que se encuentran a lo largo de sus seis biomas.
El 4 de junio, Río de Janeiro va a ser sede de Global Citizen NOW, un evento de Global Citizen que reúne a representantes de la sociedad civil, artistas, responsables de políticas públicas, financiadores y líderes jóvenes para conversar sobre enfoques prácticos para crear empleos alineados con el clima, impulsar la acción climática liderada por comunidades, y fortalecer la educación y las habilidades para la economía climática.
El evento se realizará durante la Nature Week y va a reunir a participantes enfocados en soluciones prácticas para el clima y el medio ambiente, que apoyen la conservación de la biodiversidad y la resiliencia económica. Estos encuentros abren un espacio para que representantes del sector público, el sector privado y la sociedad civil intercambien perspectivas sobre cómo enfrentar los impactos del cambio climático.
Una vez más, Brasil está albergando discusiones sobre el futuro de la agenda climática global y sigue teniendo un papel influyente en las conversaciones internacionales sobre el clima. El país tiene una larga historia en estos debates: fue el escenario de Río-92, donde se aprobó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). En otras palabras, fue en Río de Janeiro donde se formalizó el principal tratado ambiental internacional para estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera en un nivel que evite una interferencia humana peligrosa en el sistema climático.
Pero la importancia de Brasil no es solo histórica. El país está emergiendo como líder climático global porque organizaciones brasileñas están desarrollando soluciones que toman en cuenta sus contextos locales y las necesidades de sus territorios y su gente. “Nuestro principio básico es que no solo tenemos un país con seis biomas diferentes, sino que también tenemos distintos ecosistemas que necesitan convivir”, dice Ana Euler, Directora Ejecutiva de Innovación, Negocios y Transferencia de Tecnología en la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa).
Embrapa es una de las organizaciones de investigación agrícola más grandes del mundo, con más de 50 años de trabajo enfocados en innovación, eficiencia, sostenibilidad y desarrollo económico. Ha hecho un aporte histórico a la adaptación climática en Brasil, creando tecnologías que, ante todo, tienen que ser relevantes para cada territorio.
Las soluciones climáticas dependen de la ciencia y del conocimiento local
Un ejemplo es el Banco Genético de Embrapa, considerado uno de los más grandes del planeta, con casi 400.000 muestras de todo Brasil, y que solo es posible gracias a una alianza estratégica con comunidades indígenas, quilombolas y extractivistas. Esto se debe a que muchas muestras no pueden conservarse en las cámaras de almacenamiento en frío del laboratorio en Brasilia. Las semillas criollas (sementes crioulas), por ejemplo, son semillas tradicionales de variedades locales que se usan y preservan desde hace generaciones, y necesitan las condiciones ambientales del lugar donde se originaron.
“Brasil es un país de dimensiones continentales, así que no existe una solución única para todo. Enfrentamos desafíos diversos considerando a todas las personas que forman parte de este ecosistema. Por eso, la gobernanza es esencial para que las soluciones funcionen. Necesitamos conectar al gobierno, al sector privado y a las comunidades tradicionales”, dice Euler. “La biodiversidad es esencial, ya que entre el 70% y el 80% está bajo la responsabilidad de los pueblos y comunidades tradicionales. Por eso es clave establecer un pacto entre la sociedad y el gobierno para apoyar la conservación en estos territorios”, afirmó.
Para las comunidades amazónicas, este tipo de colaboración puede abrir la puerta a una participación más amplia en la bioeconomía, generando ingresos para las comunidades e impulsando la economía del bosque. Según algunos estudios recientes, como “The New Economy of Amazon” de WRI Brasil en 2023, la bioeconomía genera alrededor de 12.000 millones de reales al año en la región.
Angela Mendes, defensora ambiental e hija del recolector de caucho y conservacionista brasileño Chico Mendes. Imagen: Oliver Kornblihtt
Pero Angela Mendes, cuyo padre, Chico Mendes, fue un destacado defensor del medio ambiente, insiste en que proteger el bosque no es posible sin escuchar a las comunidades de la región. “Estamos en un estado constante de movilización y articulación para garantizar políticas públicas para el futuro no solo del bosque, sino de todas las personas que hacen que el bosque siga en pie. El conocimiento ancestral de estas poblaciones es una de nuestras tecnologías más importantes”, dice Mendes.
La presión climática está transformando un bioma menos conocido
“La gente cree que las comunidades indígenas solo existen en la Amazonía, pero estamos en todos los biomas. En el sur de Brasil, nuestra lucha queda invisibilizada”, explica Luana Kaingang, una líder indígena del pueblo Kaingang, la quinta comunidad indígena más grande de Brasil, con 45.000 personas (según el Censo de 2022), y con el cuarto idioma indígena más hablado en Brasil.
Luana Kaingang habla de saberes indígenas, cuidado del territorio y problemas ambientales en Brasil. Imagen: Oliver Kornblihtt
En mayo de 2024, el estado de Rio Grande do Sul apareció en los titulares de distintos medios nacionales e internacionales por las inundaciones históricas que afectaron a aproximadamente 400 municipios. Las imágenes impactantes de las crecidas llamaron la atención sobre los desafíos climáticos en el sur de Brasil, reforzando que la búsqueda de soluciones no puede limitarse a la selva amazónica.
“Necesitamos estar incluidos en las políticas públicas. Nosotros entendemos nuestra región y nuestro trabajo se basa en el conocimiento ancestral para recuperar nuestro territorio”, dice Kaingang.
Rio Grande do Sul alberga uno de los biomas con las tasas más bajas de protección ambiental formal. Según un estudio de MapBiomas, solo el 3% (es decir, 575.000 hectáreas) de
las Pampas están protegidas por unidades de conservación. El cultivo de soja creció casi un 387% entre 1985 y 2023, y la expansión de la agroforestería ya ocupa el 45% del área del bioma.
Una de las soluciones que presenta el Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático (MMA) es el PPPampa, un plan de acción enfocado en cuatro ejes, que impulsa actividades productivas sostenibles, el monitoreo y el control ambiental. Los esfuerzos de conservación en el bioma Pampa pueden tener impacto en los sistemas ambientales de todo Brasil.
La historia climática de Río comienza en la Mata Atlántica
Si participas en Nature Climate Week esta semana, sí o sí vas a notar la belleza de Río de Janeiro. La Ciudad Maravillosa, como la conocen los brasileños, tiene paisajes impresionantes. El Cristo Redentor con los brazos abiertos hacia la ciudad, el Morro Dos Irmãos y la playa de Copacabana forman parte del imaginario popular.
Estos paisajes están súper conectados con la Mata Atlántica, el bioma que alberga un bosque tropical megadiverso y que es uno de los cinco hotspots de conservación de biodiversidad del mundo. Más de el 90% del bioma está en Brasil, repartido en diecisiete estados brasileños (donde viven casi 145 millones de personas).
Pero no siempre fue así: la Mata Atlántica era 3.6 veces más grande que Alemania y, hoy en día, solo queda alrededor del 24% de su cobertura original.
Una de las organizaciones que trabaja para proteger la biodiversidad en la Mata Atlántica es SOS Mata Atlântica, dedicada a proteger y restaurar las áreas que aún quedan de este bioma. Su modelo de trabajo ha inspirado —y sigue inspirando— a otras organizaciones y movimientos de conservación ambiental, no solo aquí, sino en todo Brasil.
“Es necesario combatir la deforestación con monitoreo, embargos remotos, restricciones de crédito y el cumplimiento de la Ley de la Mata Atlántica. Además, implementar el Código Forestal es clave para la restauración”, dice Luís Fernando Guedes Pinto, director ejecutivo de SOS Mata Atlântica.
Este trabajo puede aportar a la conservación de la Mata Atlántica a largo plazo. Frenar la pérdida de bosques y empezar a recuperarlos es un servicio para la economía y para la salud y el bienestar de las personas, y al mismo tiempo es una medida de mitigación y adaptación frente al cambio climático. “Esto se conecta con agendas globales, como el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas. Nuestro trabajo en esta área nos ayudó a restaurar el equivalente a dos ciudades del tamaño de París en bosque nativo”, dijo Pinto.
Seis biomas, una sola historia climática
Hay un dicho popular: Brasil tiene muchos “Brasiles”. Con 8.5 millones de kilómetros cuadrados, el territorio brasileño abarca seis biomas distintos, cada uno con su propio clima, fauna, flora, comunidades, tradiciones culturales y conocimientos locales. Entender esta diversidad es clave para comprender tanto las amenazas como las soluciones climáticas que el país le ofrece al mundo.
- Amazonia: Hogar de la selva tropical más grande del mundo, la Amazonia cumple un rol crítico en la biodiversidad y en los sistemas de lluvia de toda Sudamérica.
- Cerrado: Conocido muchas veces como la “cuna de las aguas” de Brasil, el Cerrado alimenta grandes sistemas fluviales y es central para la economía agrícola del país.
- Mata Atlántica: Aunque se redujo muchísimo frente a su extensión original, sigue siendo esencial para la seguridad hídrica y la biodiversidad en muchas de las ciudades más grandes de Brasil.
- Caatinga: Un bioma semiárido exclusivamente brasileño, donde las comunidades siguen adaptándose a la escasez de agua y a condiciones climáticas cambiantes.
- Pantanal: El humedal tropical más grande del mundo, cada vez más afectado por la sequía y los incendios forestales.
- Pampa: Pastizales nativos que sostienen la biodiversidad, la agricultura y las tradiciones culturales del sur de Brasil.
En conjunto, estos seis biomas muestran por qué Brasil ocupa un lugar único en las conversaciones globales sobre el clima. Los desafíos ambientales, económicos y de desarrollo del país no se dan en un solo paisaje, sino en seis ecosistemas distintos. Y las soluciones que surgen desde esos ecosistemas pueden ayudar a marcar el rumbo de cómo otros países encaran la resiliencia climática en las próximas décadas.