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Cómo el fútbol está recuperando a este pueblo colombiano que ha durado mas de 52 años de guerra

Tiempo de Juego student-leaders from left to right: Jhan, Deisy, Jaime, and Onehis Source: Impact Marathon

Fuente: Impact Marathon

18 de noviembre de 2016

Nick Kershaw, director ejecutivo de Impact Marathon Series, colaboró en la elaboración de este artículo.  Impact Marathon Series La carrera de Colombia comenzará en la ciudad de Santa Marta el 18 de febrero de  2017. 


Situada plácidamente en las estribaciones de las impresionantes montañas de la Sierra Nevada, bordeada de playas arenosas que parecen salidas de una postal, Santa Marta es una ciudad que toca el alma. La localidad colombiana es un crisol de lugareños prósperos cargado de historia indígena y colonial que hace que los turistas recorran el mundo para saborear su esplendor.

La energía tradicional que late en Santa Marta se resume en dos palabras: música y fútbol. A pesar de tener una población de 400.000 habitantes y ser el hogar de grandes futbolistas como Carlos 'El Pibe' Valderrama, Santa Marta tiene muy pocos campos de fútbol.

En las comunidades más vulnerables, los lugareños convirtieron terrenos yermos y vacíos en pequeños campos de tierra para jugar el fútbol. En estos campos se reúnen las familias, y es aquí en donde se construye el espíritu de la comunidad; esto sobre todo se percibe en el caso de La Lucha, uno de los barrios más desafiantes de Santa Marta.

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Las familias desplazadas de sus hogares durante la guerra de 52 años buscaban un lugar que les permitiera simplemente sobrevivir cuando se establecieron en La Lucha; no podría haber un nombre más adecuado.

Convirtiendo una montaña de polvo y basura en una comunidad con casas improvisadas hechas de madera contrachapada, metal corrugado y láminas de plástico, el barrio tiene su buena ración de violencia. Sin embargo, más recientemente, La Lucha ha sido el principal escenario para mostrar cómo la pasión por el fútbol puede convertirse en el motor de transformación social hacia una coexistencia pacífica.

Con un gran esfuerzo, la comunidad logró construir un campo de fútbol y Fundación Tiempo de Juego comenzó a trabajar incansablemente con miras a promover la inclusión social y la paz en el propio terreno de juego.  Lo que comenzó con un partido informal de fútbol en un campo destartalado con una pelota de tela, se ha transformado en sesiones de entrenamiento con más de 150 niños, niñas y adolescentes entusiasmados ante la oportunidad de tener un futuro mejor. Y, simplemente, para jugar al fútbol con sus amigos.

Tiempo de Juego es una organización colombiana que enseña habilidades para la vida a los niños y adolescentes provenientes de comunidades desfavorecidas a través de actividades deportivas, culturales y recreativas. La capacitación que ofrece Tiempo de Juego está diseñada para ayudar a niños y jóvenes a crear sus propios proyectos de vida y promover un movimiento hacia la paz, la igualdad y la convivencia.

Las actividades que se llevan a cabo en La Lucha evolucionan constantemente para responder a las demandas y al progreso de la comunidad. Por ejemplo, 15 niños están inscritos en la Escuela de Liderazgo. Esta iniciativa busca formar líderes comunitarios que trabajan para desarrollar nuevas formas de utilizar los deportes para el desarrollo y para convertirse en agentes de cambio en su barrio.

Estos jóvenes líderes, que anteriormente se consideraban "niños con problemas" en la comunidad, hoy son los protagonistas de un cambio positivo.

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Uno de esos líderes jóvenes es Jhan. Después de la muerte de su padre a los 16 años, Jhan cayó en el alcohol y las malas compañías, olvidándose de sus responsabilidades, sueños y amigos. Hoy, es uno de los líderes más dedicados del programa. Es un modelo a seguir en la Escuela de Liderazgo y ha representado a Tiempo de Juego y a Colombia en el Festival Internacional de Fútbol Callejero.

La transformación también se puede evidenciar en Onehis, otro de los líderes más colaboradores de Tiempo de Juego. Aunque Onehis solía ser uno de los jóvenes más violentos en La Lucha, ahora participa en la Escuela de Liderazgo y sirve de referencia a los demás. Es allí donde aprendió a manejar sus emociones y a utilizar su energía para motivar y animar a sus compañeros.

El efecto que esta metodología está trayendo a los vecindarios va más allá del terreno de juego; está siendo absorbido en la vida familiar. Los padres han notado una mejora en las relaciones, mejor comunicación y formas más pacíficas y creativas de resolver conflictos.

Con la participación de todos, el fútbol está marcando goles por la paz en Colombia.