Un país pequeño, de poco más de 10 millones de personas, suele rendir muy por encima de lo que uno esperaría cuando se trata de invertir en ayuda y de entregarla. Esa ha sido la historia de Suecia durante más de medio siglo. Por eso sorprende que el país nórdico haya empezado a rebajar el “estándar de oro” en desarrollo que se puso a sí mismo —y que marcó para el resto del mundo—, uniéndose a la lista cada vez más larga de países que están recortando la ayuda.
Suecia fue el primer país del mundo en cumplir el objetivo de la ONU de destinar el 0,7% de su ingreso nacional bruto (INB) a ayuda exterior, allá por 1975, y desde entonces se ha mantenido de forma constante cerca del 1%: un listón que la mayoría de países no ha alcanzado ni una sola vez. Esa constancia explica en gran parte cómo el liderazgo humanitario de Suecia y su reputación como socio multilateral de referencia se convirtieron en una pieza clave de su identidad global. Ahora, ese legado está oficialmente bajo presión.
A finales de 2025, el ministro sueco de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Benjamin Dousa, anunció que el gobierno retirará por completo la ayuda a cinco países —Zimbabue, Tanzania, Mozambique, Liberia y Bolivia— como parte de una amplia reestructuración presupuestaria. También cerrarán de manera definitiva tres embajadas suecas en Bolivia, Liberia y Zimbabue. Los fondos liberados se redirigirán a Ucrania, elevando el apoyo sueco allí a al menos 10.000 millones de coronas suecas (aproximadamente 1.000 millones de Dólares americanos).
“El dinero tiene que salir de algún sitio para cuadrar el presupuesto”, explicó Dousa, prometiendo que la retirada se hará de forma “responsable y ordenada”. Pero quienes están en primera línea temen que eso, en la práctica, sea difícil de garantizar.
Con tanto en juego, las próximas elecciones suecas de este otoño se sienten decisivas. Vamos a meternos de lleno en el panorama político de este rincón del norte del mundo.
La magnitud del giro
Las cifras hablan por sí solas. País por país, en 2024 Suecia aportó unos 85 millones de dólares a Mozambique, 57 millones a Tanzania, 37 millones a Liberia, 36 millones a Zimbabue y 17 millones a Bolivia. Cada una de esas partidas irá bajando hasta llegar a cero a finales de 2026.
Poner esos números en contexto es todavía más duro. Se prevé que la ayuda sueca a África caiga un 57% entre 2021 y 2026. La financiación multilateral también está en la lista de recortes: el apoyo de Suecia al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) caerá un 92%. Las contribuciones a fondos de adaptación climática, que antes recibían cientos de millones de coronas al año, se eliminarán por completo. Y la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Sida) ahora se enfrenta a recortes presupuestarios de alrededor del 20%.
El gobierno actual quiere que, en su lugar, esos fondos vayan a iniciativas de “ayuda para el comercio”, a seguridad y a reducir los flujos migratorios; sobre todo, destinando el 20% de toda la ayuda sueca únicamente a Ucrania.
Este último anuncio no es un caso aislado. Es una tendencia que lleva años construyéndose. En 2022, Suecia ya recortó la ayuda a más de 10 países. Ese mismo año también se eliminó formalmente el objetivo de destinar el 1% del INB a ayuda. Ahora se proyecta que los niveles de ayuda de Suecia caigan hasta el 0,68% del INB para 2028: sería la primera vez en más de 50 años que bajan del umbral mínimo de la ONU. Y para rematar, en 2024 el gobierno dejó heladas a las ONG suecas con las que colaboraba al cancelar todos los acuerdos de financiación, cortando una vía clave por la que tradicionalmente se canalizaba la ayuda.
Vale la pena recordar lo que dijo un funcionario de la Comisión Europea en 2022 al enterarse del rumbo que tomaba Suecia: “Se ha perdido a uno de los buenos”. Este giro hacia la seguridad y los asuntos internos, por encima de los compromisos internacionales, refleja cambios vistos en otros lugares de Europa, como Reino Unido, Alemania y Francia. Esta actualización deja claro que el camino para volver a ser “uno de los buenos” va a ser largo.
Qué hace realmente la ayuda sueca
Casi la mitad de la ayuda sueca en salud, históricamente, se ha dirigido a la salud y los derechos sexuales y reproductivos. Eso incluye financiar el acceso a anticonceptivos esenciales, educación sexual, prevención y tratamiento del VIH, y esfuerzos para poner fin al matrimonio infantil y a la mutilación genital femenina (MGF). A través de su alianza con el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Suecia ha ayudado a que 270.000 niñas eviten la MGF y ha hecho posible 2,4 millones de partos seguros en zonas afectadas por conflictos.
En toda África, la ayuda sueca también ha tenido un impacto enorme. A través de Sida, Suecia ha apoyado esfuerzos para fortalecer la democracia, los derechos humanos, la igualdad de género y el crecimiento económico sostenible. Un ejemplo claro de este trabajo es la financiación de proyectos para acelerar la transición hacia energías renovables. En un solo año, Sida ayudó a que más de un millón de personas en el continente africano accedieran a tecnologías de cocina limpia, evitando 690.000 toneladas de CO2 y previniendo enfermedades respiratorias.
El gobierno ha insistido en que la ayuda humanitaria y las intervenciones sanitarias críticas —o “las cosas que literalmente salvan vidas”, como dijo Dousa— no se verán afectadas. Pero no está nada claro cómo se va a trazar, sin ambigüedades, la línea entre ayuda humanitaria y ayuda al desarrollo. Mientras tanto, algunas organizaciones advierten que desmantelar alianzas a largo plazo en nombre de victorias rápidas puede deshacer años de avances.
Las elecciones suecas, cada vez más cerca
La ciudadanía sueca irá a las urnas en 2026, y la política de desarrollo se ha convertido —sin hacer demasiado ruido— en uno de los temas más tensos y polarizantes del momento. La actual coalición de centro-derecha en minoría ha presentado la ayuda como algo demasiado ideológico, poco eficaz y desconectado de los intereses domésticos. En cambio, los partidos de la oposición sostienen que estos recortes, como mínimo, son miopes. Si Suecia se repliega del escenario global, reduce su capacidad de influir en los sistemas, construir alianzas y promover los valores que ha defendido durante décadas.
¿Y qué piensa la población sueca de todo esto? Puede que esté más alineada con esos argumentos de lo que el gobierno esperaba. Encuestas recientes muestran que cuatro de cada diez suecos apoyan volver a llevar la ayuda al 1% del INB, una cifra que ha aumentado al doble en solo unos meses. Entre los votantes socialdemócratas, el sentimiento es aún más fuerte: el 60% quiere que los niveles de ayuda vuelvan a donde estaban, y una de cada tres personas pide que ese cambio se haga de inmediato.
Está claro que la historia todavía no termina. La opinión pública puede seguir cambiando. Los partidos de la oposición se están movilizando y, con las elecciones a la vuelta de la esquina, la ventana para corregir el rumbo de Suecia sigue muy abierta.
Tu voz puede ayudar a escribir el próximo capítulo
La historia de Suecia es un recordatorio de lo rápido que se puede dar marcha atrás a avances que costaron mucho conseguir cuando hablamos de ayuda, y de todo lo que está en juego cuando los países ricos se alejan de sus compromisos globales. Pero también puede ser la prueba de que la presión pública puede cambiar los cálculos políticos de un gobierno.
La ciudadanía sueca, y también cualquier persona en cualquier parte del mundo, puede hacer oír su voz directamente. Puedes escribirles a los miembros del Parlamento sueco y pedirles que cambien de rumbo.
Escríbele al ministro Dousa para pedirle al gobierno que mantenga sus compromisos de desarrollo, o ponte en contacto con la ministra de Finanzas, Elisabeth Svantesson, para dejar claro que la ayuda al desarrollo no es dinero tirado. Es una inversión para construir el tipo de mundo en el que todas y todos queremos vivir: estable, seguro, y que mantenga a todo el mundo a salvo pase lo que pase.
El futuro de muchas personas en todo el mundo se decidirá por las decisiones que se están tomando ahora mismo en Estocolmo. Pero los Global Citizens pueden plantar cara. ¿No sabes por dónde empezar? Aquí tienes algunas plantillas para ponerte en marcha. Asegúrate de que los líderes de Suecia te escuchen.
La información de contacto de los ministros está en el sitio web del Gobierno de Suecia, aquí.
Mensaje a Benjamin Dousa, ministro de Cooperación para el Desarrollo
Asunto: Protege el liderazgo global de Suecia
Suecia ha sido durante mucho tiempo un líder global en desarrollo y acción humanitaria. Con los niveles de ayuda previstos por debajo del 0,7% del INB por primera vez en más de 50 años, te pido que protejas el liderazgo global y el legado de Suecia. Un compromiso global fuerte refuerza la seguridad, la economía y la autoridad moral de Suecia en todo el mundo.
Mensaje a Morgan Johansson, diputado del Partido Socialdemócrata Sueco
Asunto: Volver al objetivo del 1% en ayuda
Te escribo para animarte a expresar un compromiso claro y ambicioso para restaurar la ayuda al desarrollo de Suecia hasta el objetivo del 1% del INB. Este es un momento clave para reafirmar el papel histórico de Suecia como un socio de desarrollo fiable y guiado por sus valores. Reafirmar esa ambición antes de las elecciones de 2026 ayudará a recuperar la confianza en el liderazgo global de Suecia.
Mensaje a Elisabeth Svantesson, ministra de Finanzas
Asunto: Volver al objetivo del 1% en ayuda
La cooperación al desarrollo no es solo una partida presupuestaria. Es una inversión estratégica en estabilidad, comercio y desarrollo económico a largo plazo. Invertir en reducción de la pobreza, resiliencia climática y educación ayuda a prevenir la inestabilidad, la migración forzada y los conflictos. Te pido que protejas los compromisos de desarrollo de Suecia como parte de una estrategia coherente de seguridad y política exterior.