Cuando recuerda por qué empezó Solid’Africa, Isabelle Kamariza se emociona y se le hace un nudo en la garganta al pensar en su encuentro con Amandine, una paciente del primer hospital que visitó. La historia de Amandine —huérfana, sola y dependiendo de las familias de otros pacientes para conseguir comida nutritiva— la dejó destrozada y empujó a Kamariza a enfrentarse de lleno a las enormes carencias nutricionales en hospitales, escuelas e instituciones de Ruanda. Aunque Ruanda ofrece cobertura sanitaria universal, la comida nutritiva —y, en general, las comidas— no están incluidas durante las estancias hospitalarias, así que muchas personas pueden pasar hambre, sobre todo si no tienen familia que las apoye.
Kamariza, fundadora de Solid’Africa y ganadora del Waislitz Global Citizen Disruptor Award 2024, lleva mucho tiempo comprometida con mejorar el acceso a comidas nutritivas para las poblaciones más vulnerables de Ruanda. Su impacto ya se reconoce a nivel global, lo que subraya lo importante que es su trabajo. Para Kamariza, esta misión es profundamente personal y se basa en una idea muy simple: nadie debería sufrir inseguridad alimentaria. En esta entrevista exclusiva, comparte las estrategias innovadoras que está poniendo en marcha, los desafíos a los que se enfrenta y su visión del futuro de la nutrición en Ruanda.
Una iniciativa clave que lidera Kamariza es un programa de alimentación escolar en alianza con el Ministerio de Educación de Ruanda. El programa da de comer a 8.000 estudiantes con un modelo que ofrece comidas nutritivas por tan solo 0,20 dólares por ración. Pero la visión de Kamariza va mucho más allá. “Estamos empezando un camino con el Ministerio de Educación para construir una cocina capaz de producir 100.000 comidas al día”, explica. Este proyecto ambicioso forma parte de un estudio de viabilidad más amplio para calcular cuántas cocinas centralizadas harían falta para aplicar este modelo a mayor escala.
Equipo de Solid'Africa. Imagen: cedida.
Rediseñando las comidas escolares en Ruanda
Las observaciones de Kamariza sobre la situación actual de las comidas escolares dejan claros los vacíos que está decidida a cerrar. Muchas escuelas tienen cocinas independientes, lo que provoca inconsistencias en la calidad de la comida, los métodos de preparación y el contenido nutricional. A menudo, los centros se apoyan en técnicas antiguas, como cocinar con carbón, y sirven menús repetitivos y poco nutritivos. “Las comidas no cambian casi nada”, comenta Isabelle. “En las escuelas públicas, muchas veces encuentras maíz, frijoles, una verdura verde y a veces arroz. Son las mismas comidas que comían mis padres en los 70, y no ha cambiado nada”.
Esta falta de variedad, sostiene, hace que se desaproveche un enorme potencial nutricional. Su objetivo es transformar el sistema introduciendo comidas diversas, equilibradas, culturalmente relevantes y asequibles. Destaca lo importante que es incluir una buena variedad de verduras, proteínas e ingredientes locales. “La diversidad en la nutrición es clave”.
Kamariza y su equipo se centran tanto en servir mejores comidas como en educar sobre nutrición. “Tenemos lo que llamamos educación nutricional”, dice. “Para nuestros pacientes, especialmente los que siguen dietas especiales, compartimos recetas y les enseñamos a usar productos locales. Nos aseguramos de que quienes cocinan entiendan la nutrición: no solo cómo preparar la comida, sino cómo hacerla nutritiva”.
Construyendo un sistema sostenible
Además del programa de alimentación escolar, Kamariza está trabajando para crear el Institute for Culinary Arts and Nutrition (ICAN), una iniciativa pionera que busca formar a chefs y nutricionistas cualificados. Este instituto, el primero de su tipo en Ruanda, dotará a la industria hotelera y de la hospitalidad de profesionales con conocimientos en seguridad nutricional para la producción de comida a gran escala. También ofrecerá educación nutricional esencial a nivel comunitario, con la idea de revolucionar la forma en que se prepara y se valora la comida en Ruanda.
El programa ha despertado muchísimo interés: hay más demanda de estudiantes formados de la que el instituto puede asumir hoy. Esta formación forma parte de una estrategia más amplia para cambiar cómo se entiende la comida en escuelas, hospitales y hogares de todo el país. Kamariza se asocia con la Universidad de Drexel, en Filadelfia, para crear un plan de estudios que combine nutrición con habilidades culinarias prácticas, haciendo que las comidas nutritivas y ricas sean accesibles para todo el mundo.
Además, Solid’Africa trabaja con un modelo “de la granja al plato”, produciendo el 50% de los alimentos que cocina y sirve como parte de su programa. Este enfoque no solo garantiza frescura y calidad nutricional, sino que también impulsa una agricultura sostenible y economías locales.
Desafíos y planes de futuro
A pesar de los avances, Kamariza se enfrenta a varios desafíos. Uno de los mayores es el personal. Competir con instituciones más grandes, como hoteles y bancos, para atraer talento puede ser difícil, especialmente cuando hay fondos limitados. “Por eso es tan crucial contar con financiación sin restricciones”, añade, ya que ese tipo de recursos le permiten invertir en talento sin quedar atada a límites impuestos por donantes.
Los problemas en la cadena de suministro también complican el camino. Aunque se esfuerzan por abastecerse localmente, las ineficiencias en las compras pueden disparar los costos. El equipo de Kamariza está trabajando para agilizar la cadena de suministro mediante alianzas con 4.500 agricultores cooperativistas, pero todavía queda mucho por hacer. Otro desafío es digitalizar sus operaciones: conectar cocinas con hospitales, granjas y proveedores para que todo el sistema sea más eficiente.
El objetivo final de Kamariza es expandir su modelo más allá de Ruanda. “Esperamos que, gracias al éxito de nuestros programas, podamos llevar este modelo a centros de formación profesional, a otras instituciones como las prisiones e incluso cruzar fronteras”. Su visión es clara: un mundo donde todas las personas, sin importar sus ingresos, tengan acceso a comidas saludables y nutritivas.
Mirando atrás en el camino recorrido
Cuando le preguntan por su trayectoria, Kamariza piensa en la resiliencia que ha necesitado para llegar hasta aquí. “La persistencia es clave”, dice. “Estas cosas no salen fácil ni rápido”. Aun con los desafíos, sigue muy conectada con su misión inicial: lograr que Ruanda tenga seguridad nutricional. A quienes se enfrentan a obstáculos similares, les aconseja volver siempre a “eso que te movió el corazón”.
Para Kamariza, esto nunca se trató de reconocimiento personal. “No me importa si me recuerdan”, dice. Lo que realmente le importa es el movimiento que ha impulsado, las semillas de cambio que está sembrando y el legado que está construyendo para las próximas generaciones. Sueña con que, dentro de cien años, ya no tengamos que hablar de inseguridad alimentaria, porque será un problema del pasado.
Mientras se adentra en la siguiente etapa de su misión con el Waislitz Global Citizen Disruptor Award en la mano, el trabajo de Kamariza está listo para seguir transformando Ruanda y, quién sabe, quizás también el mundo. Con sus enfoques innovadores en programas de alimentación, educación nutricional y desarrollo de habilidades, te demuestra cómo un modelo impulsado por la comunidad puede plantarle cara incluso a los desafíos más persistentes. Y para ella, el viaje está lejos de terminar.