La primera comida escolar que recibió Aida, de 10 años, en Kirguistán fue una sopa caliente con un panecito dulce.
“Recuerdo que me sentí llena y con muchísima energía después de comer”, le contó al Programa Mundial de Alimentos (WFP). “Tenemos cinco clases al día, con descansos muy cortos entre cada una, y el almuerzo lo sirven después de la tercera clase. Si no nos sentamos a almorzar, mis amigas y yo nos morimos de hambre. La hora del almuerzo me ayuda a tener energía para el resto del día escolar”.
Desde esa primera comida, Aida participa en el Programa de Optimización de Comidas Escolares del WFP, que ofrece comidas diarias a estudiantes que, de otra forma, tal vez no tendrían acceso a un almuerzo.
Estas comidas le dan el combustible que necesita para ir tras su sueño de convertirse en doctora y así apoyar los esfuerzos de vacunación, un sueño que tomó forma en medio del caos de la pandemia global de COVID-19.
Las comidas escolares son un salvavidas — y la School Meals Coalition (SMC) está en la primera línea para asegurar que niñas y niños en contextos educativos de todo el mundo, como Aida, tengan algo para comer y puedan aguantar el día.
Según un análisis del WFP, por cada $1 invertido en comidas escolares, las comunidades reciben $9 en retornos económicos. Aun con este “ofertón”, los programas de alimentación escolar alrededor del mundo siguen estando subfinanciados.
“La pregunta para mí es: ‘¿Cuál es el costo de no darles una comida escolar a todas las niñas y todos los niños del planeta?’ Si quieres más pobreza, no ofrezcas comidas escolares”, dijo en un comunicado David Beasley, director ejecutivo del WFP. “Si quieres más matrimonios infantiles, no ofrezcas comidas escolares. Si quieres más desestabilización y migración, y reclutamiento por grupos extremistas, no ofrezcas comidas escolares.
“Pero si quieres ver comunidades locales más fuertes, que bajen las tasas de embarazo adolescente, que aumenten las oportunidades educativas, y que crezcan el PIB y el empoderamiento económico, especialmente de las niñas — si quieres que todo eso aumente, entonces ofrece comidas escolares”, dijo.
Aquí van cinco cosas que vale la pena saber sobre los beneficios de los programas de alimentación escolar.
1. Las comidas escolares mantienen a las infancias — especialmente a las niñas— en la escuela.
Muchos niños y niñas en contextos de bajos ingresos y afectados por crisis tienen dificultades para asistir a la escuela porque el hambre y la presión económica los alejan del aprendizaje. Ofrecer comida en la escuela les da a las familias una razón para enviar a sus hijas e hijos — especialmente a las niñas— a clases, y mejora la asistencia, la concentración y la permanencia escolar.
Según los datos más recientes del WFP, casi 466 millones de niñas y niños actualmente reciben comidas escolares a través de programas liderados por gobiernos en todo el mundo; una cifra que creció en alrededor de 80 millones en los últimos años, lo que muestra una expansión fuerte de estos esfuerzos.
2. Las comidas escolares aportan nutrición esencial para crecer y estar saludables.
Para muchas infancias, la comida que reciben en la escuela puede ser la única comida nutritiva y constante de todo el día. Estas comidas ayudan a que obtengan nutrientes esenciales, y eso apoya tanto el crecimiento físico como el desarrollo cognitivo.
Los hábitos de alimentación saludable que se aprenden en la escuela también ayudan a reducir el riesgo a largo plazo de desnutrición y a mejorar los resultados generales de salud.
3. Las comidas escolares también apoyan a agricultores locales.
Los mejores programas de alimentación escolar se construyen con base comunitaria y brindan apoyo financiero a agricultores locales. Al hacerlo, ayudan a generar actividad económica, permiten que las y los agricultores mejoren su producción y fortalecen la agricultura local. Además, aseguran que las niñas y los niños reciban ingredientes frescos y saludables todos los días.
En Tombuctú, en Malí, productores de alimentos locales están ofreciendo comidas a niñas y niños con apoyo del WFP, basadas en tradiciones locales y, al mismo tiempo, garantizando una nutrición adecuada.
4. Las comidas escolares ayudan a las familias a ahorrar dinero.
Los programas de alimentación escolar alivian la carga de las familias al reducir el costo de la comida diaria para madres y padres. Esto no solo ayuda a que el dinero alcance, también puede liberar presupuesto del hogar para cosas esenciales como atención médica, ropa y útiles escolares.
En muchas situaciones, motivar a las familias a mandar a sus hijas e hijos a la escuela con la promesa de una comida puede ayudar a evitar que niñas y niños terminen en matrimonios tempranos, trabajo infantil u otras formas de trabajo por necesidad económica.
5. Las comidas escolares generan un efecto dominó positivo.
Las comidas escolares parecen algo simple. Y, en términos materiales, lo son: un plato de arroz con lentejas, un tazón de sopa con pan. Pero también son piezas clave para construir un futuro más brillante y con más dignidad.
Obvio, hay muchos otros factores que tienen que estar presentes para que niñas y niños puedan prosperar — como buenas escuelas, vivir sin violencia ni trauma, y contar con atención médica adecuada. Pero la importancia de la comida no se puede exagerar.
Cuando las infancias tienen acceso diario a comida nutritiva, pueden desarrollar todo su potencial. Esos $9 que se generan por cada $1 invertido en programas de alimentación escolar muestran que invertir en la niñez también le conviene a toda la comunidad.
Las comidas escolares contribuyen a un entorno donde las niñas evitan el matrimonio y el embarazo tempranos y continúan con educación superior, donde se crean empleos y emprendimientos locales, y donde el bienestar se vuelve la norma.