Ruanda amplió el acceso juvenil a anticonceptivos. ¿Qué barreras persisten?

Autor: Jane Babirye

Yagazie Emezi/Getty Images/Images of Empowerment

Fredy Mugisha empezó a involucrarse en la defensa de la salud y los derechos sexuales y reproductivos (SDSR) gracias a un club de salud en la secundaria. El tema, recuerda, se volvió personal después de que dos adolescentes que conocía enfrentaran un embarazo no planificado sin el apoyo ni la información que necesitaban. Con miedo de cómo reaccionarían sus papás, la chica se escapó de su casa. Mugisha cree que la historia podría haber sido distinta si ella hubiera podido buscar apoyo confidencial y a tiempo con un profesional de la salud. “Tenía miedo”, dijo. “Sentía que no podía ir ni con sus papás ni a un centro de salud”.

Hoy, con 22 años, Mugisha trabaja como youth champion en Health Development Initiative (HDI), ayudando a que más jóvenes entiendan y puedan acceder a información de salud reproductiva. Para él, esta historia deja claro por qué importa el acceso legal, pero también por qué la gente joven necesita servicios en los que confíe lo suficiente como para usarlos de verdad.

El 18 de septiembre de 2025, Ruanda redujo la edad legal para acceder de manera independiente a servicios anticonceptivos de 18 a 15 años. Con esta reforma, las y los adolescentes de 15 años o más pueden acceder a anticonceptivos y a otros servicios de salud sexual y reproductiva sin el consentimiento de sus madres/padres ni de terceros.

Ruanda impulsó esta reforma en un contexto de niveles persistentes de embarazo adolescente. Según la Encuesta Demográfica y de Salud de Ruanda (RDHS), la proporción de chicas de 15 a 19 años que ya habían comenzado su maternidad subió de 5.7% en 2007 a 7.3% en 2015, antes de bajar a 5.2% en 2019/20. Pero los porcentajes de la encuesta y los conteos acumulados de casos muestran partes distintas de la historia: incluso mientras disminuía la proporción de adolescentes que iniciaban la maternidad, las estadísticas nacionales indican que aun así se registraron más de 30,000 embarazos adolescentes entre 2020 y 2023.

Y lo que está en juego no se limita a embarazos no planificados. Aunque en 2020, el 58% de las mujeres casadas en Ruanda usaban anticonceptivos modernos, solo el 18% de las adolescentes sexualmente activas y no casadas reportó usar métodos modernos. El informe de VIH 2024 de Ruanda estima que las chicas y mujeres jóvenes de 15 a 24 años representan más del 30% de las nuevas infecciones por VIH a nivel nacional, y que la prevalencia de VIH entre mujeres jóvenes es casi tres veces mayor que entre hombres jóvenes del mismo grupo de edad.

Las cifras nacionales dejan ver el tamaño del desafío, pero las barreras suelen hacerse más evidentes en lo cotidiano. Para Mugisha, aunque la gente joven sepa que existen servicios, igual puede dudar si buscarlos los expone a críticas o juicios. “No te sientes cómodo pidiendo condones en una farmacia cerca de tu casa si la persona que atiende es tu vecino o alguien que te conoce”, explicó el joven de 22 años.

Fredy Mugisha habla con Global Citizen en Ruanda en junio de 2026. Trabaja como líder juvenil en HDI, ayudando a jóvenes a entender y acceder a info de salud reproductiva.
Image: Davis Gatabazi for Global Citizen

Las actitudes entre pares también influyen en cómo las y los adolescentes piensan sobre la anticoncepción. Elyse Ihirwe, Access to Medicines Advisor en HDI, señaló una frase común entre algunos adolescentes: “Ntushobora kurya bonbon utabanje kuyikuramo urupapuro”, que se podría traducir como: “no podés disfrutar un dulce sin quitarle la envoltura”. Según explicó, la frase desalienta el uso del condón al sugerir que la protección reduce el placer sexual.

Los espacios amigables para jóvenes buscan que sea más fácil pedir atención, a pesar de esas presiones sociales. Según datos del sector salud, el 84% de los centros de salud en Ruanda ya tienen “youth corners” diseñados para ofrecer a las y los adolescentes información y servicios en un ambiente más acogedor. Aun así, que los adolescentes usen esos servicios muchas veces depende de cómo los tratan cuando llegan.

Un ejemplo es el Centre de Jeunes (Youth Center), que hoy funciona como Imbuto Hub. Desarrollado y operado por la Imbuto Foundation, este centro en Bugesera reúne servicios de desarrollo juvenil y de salud en un mismo espacio comunitario. Por dentro, se siente más como un campus que como una clínica: hay una biblioteca junto a estudios creativos y de formación laboral, mientras que la guardería y las instalaciones deportivas ocupan otras áreas del edificio. El personal dice que este modelo más amplio crea un ambiente familiar donde las y los adolescentes pueden participar en actividades cotidianas y, al mismo tiempo, acceder a información y servicios de salud reproductiva.

La privacidad es clave en su enfoque de SDSR, según la enfermera Angelique Sengati. “El miedo a que te vean es lo que frena a muchos jóvenes para venir”, explicó. Salidas separadas y consultorios con vidrios polarizados ayudan a mantener la discreción, mientras que personal capacitado brinda una atención amigable para jóvenes.

Rwanda: Access to Contraception

Rwanda: Access to Contraception
Imbuto Foundation in Rwanda supports health, education, youth empowerment, and economic opportunity across Rwanda. Its health programs promote adolescent sexual and reproductive health, HIV awareness, and greater access to family planning services.
Davis Gatabazi for Global Citizen

Rwanda: Access to Contraception

Rwanda: Access to Contraception
Imbuto Hubs, such as this one in Bugesera, bring youth-focused activities and services together in welcoming community spaces, connecting young people with learning opportunities, health information, and sexual and reproductive health support.
Davis Gatabazi for Global Citizen

Rwanda: Access to Contraception

Rwanda: Access to Contraception
Angelique Sengati is an adolescent sexual and reproductive health nurse in Rwanda. Sengati spoke with Global Citizen in June 2026.
Davis Gatabazi for Global Citizen

Cada mes, unas 100 personas buscan ahí servicios de salud sexual y reproductiva, contó Sengati; la mayoría tiene entre 16 y 24 años. Los chicos son la mayoría de quienes llegan, mientras que las chicas siguen siendo más cautelosas, en parte por ideas equivocadas sobre la anticoncepción. “Animamos a cada joven que viene a convertirse en embajador o embajadora y compartir esta información con sus pares”, agregó. 

Imbuto Hub enfrenta parte de estos retos desde su diseño, pero en otros lugares el acceso igual puede verse interrumpido. Ihirwe dijo que varias instalaciones han tenido faltantes temporales de anticonceptivos porque no se hicieron los pedidos a tiempo, aunque la organización no pudo revelar las ubicaciones por la sensibilidad del tema.

Para reforzar la implementación, HDI apoya a los centros de salud para identificar brechas de suministro, y al mismo tiempo trabaja para mejorar la calidad de la atención. En 2025, junto con Medical Doctors for Choice, la organización dice que capacitó a 609 profesionales de la salud y mentoró a más de 500 profesionales de la salud en formación. Su capacitación de “clarificación de valores” les pide a las y los participantes revisar cómo sus propias ideas pueden influir en las consultas, para que la atención a adolescentes se guíe por evidencia y no por creencias personales.

Desde la reforma, HDI ha podido tener conversaciones sobre SDSR con menos restricciones en escuelas secundarias asociadas en Kigali, Bugesera, Rubavu y Rwamagana. Estas conversaciones importan porque el acceso no depende solo de las clínicas, sino también de las personas adultas con las que la juventud se cruza en la escuela y en casa. Jean de Dieu Hakizayezu, papá de tres e director de S.O.S Technical High School en Kagugu, cree que hablar con honestidad puede ayudar a que las y los estudiantes tomen decisiones mejor informadas. “Hacer tiempo para hablar con tus hijos e hijas debería ser una prioridad, sin importar lo ocupada que se ponga la vida”, enfatizó.

En S.O.S Technical High School, el estudiantado puede acudir a integrantes del personal designados para resolver dudas sensibles sobre salud reproductiva. Un mensaje en la pared de la oficina de Hakizayezu dice: “Cada persona debe estar protegida de acoso sexual, explotación y abuso”. Dice que la escuela intenta reflejar ese principio asegurándose de que el estudiantado tenga personas adultas de confianza a quienes pueda acudir.

Elyse Ihirwe es asesora de Acceso a Medicamentos en HDI, Ruanda.
Image: Davis Gatabazi for Global Citizen

Ese énfasis en la comunicación también fue clave en el Foro Juvenil: “Acelerar la acción para acabar con el embarazo adolescente en Ruanda”, realizado en Kigali el 26 de junio de 2026, donde la Fundación Imbuto lanzó su iniciativa de Comunicación entre Madres/Padres y Adolescentes (PAC). El programa incluye una guía para ayudar a madres, padres y personas cuidadoras a iniciar conversaciones adecuadas para cada edad sobre relaciones y salud reproductiva, antes de que los problemas se conviertan en crisis.

Para Mugisha, la gente joven debería tener voz y voto en cómo se diseñan y se brindan los servicios de salud reproductiva. “Las y los jóvenes necesitan participar de forma significativa en las decisiones que afectan su salud sexual y reproductiva”, dijo.

Ruanda ha ampliado el acceso legal de la juventud a la atención de salud reproductiva. Lo más difícil ahora es asegurar que puedan ejercer ese derecho de manera segura y con confianza.

La Imbuto Foundation impulsa salud, educación y empoderamiento juvenil en Ruanda. En sus capacitaciones, Joyeuse Mukundente (23) y Florence Muhawenimana (25) aprendieron más sobre salud sexual y reproductiva y cómo hablar del tema.
Image: Yagazie Emezi/Getty Images/Images of Empowerment


Nota del editor: Este artículo forma parte de una serie de contenidos que fue posible gracias al financiamiento de la Susan Thompson Buffett Foundation.