Margarita Aquino fue desplazada de su comunidad rural en Bolivia por la contaminación causada por una compañía minera. Junto con mujeres de otras comunidades, ella formó una red para defender a la tierra, la cual trabaja para crear consciencia de las necesidad de defender los derechos humanos y el medio ambiente.
Aquino vivió una situación de desplazamiento de su comunidad rural en Bolivia debido a la contaminación del agua y los suelos causada por diferentes actividades mineras tanto transnacionales como estatales. Esta situación de injusticia ambiental que viven las mujeres de varias comunidades en Bolivia, llevó a la formación de una red para defender a la madre tierra, la cual trabaja para crear consciencia de la necesidad de defender los derechos humanos, de pueblos indígenas y al medio ambiente.
Aquino, 74, es una mujer defensora, campesina, indígena boliviana y es la coordinadora de la Red Nacional en Defensa de la Madre Tierra, una organización de mujeres indígenas de comunidades que han sido afectadas por contaminación debido a actividades extractivas. La Red apoya a mujeres en más de 20 comunidades y provee apoyo en fortalecimiento organizacional, búsqueda de justicia ambiental, justicia climática y justicia de género, además de promover alternativas productivas en zonas donde está presente la contaminación, tales como crear huertas comunitarias para aumentar la productividad y surtir alimentos en zonas vulneradas por el extractivismo.
Las hermanas de la RENAMAT también visitan comunidades para crear consciencia y dar información, tanto del daño ambiental causado por la minería como de los derechos de las mujeres y la necesidad de unirse en defensa a la madre tierra. El grupo también trabaja activamente con sistemas de alerta temprana en respuesta al cambio climático y sus impactos. La organización también organiza talleres para educar a las mujeres y los niños acerca de sus derechos constitucionales, a través de la escuelita Warmi Yaku (Mujer Agua) y viaja tanto a comunidades rurales como a la ciudad, Oruro, para defender sus derechos y protestar en contra del daño causado a comunidades, tierras agrícolas y fuentes de agua por las empresas multinacionales de minería. Aquí, en sus propias palabras, ella habla del trabajo que realiza RENAMAT y la importancia de que se escuchen las voces de las mujeres indígenas.
Soy indígena boliviana, llevo 53 años casada y he vivido toda mi vida en comunidades rurales en donde las injusticias que sufrimos me llevaron a convertirme en una defensora de los derechos…
Hace diez años, una empresa minera multinacional llegó a la comunidad ofreciendo desarrollo para extraer minerales aquí. Esta zona ha sido minera desde la época colonial, pero antes la minería se realizaba a mano y no se utilizaban productos químicos ni tecnología avanzada, por lo que no se veía tanta contaminación. Pero ahora la gravedad de la contaminación del agua, el suelo, el aire y nuestros pastizales es muy fuerte y va avanzando cada vez mas, sin que nadie de una solución. Mi familia y yo nos dedicábamos a la ganadería, pero debido a la contaminación ya era insostenible y nos tuvimos que marchar. Cuando me casé fui a vivir a los terrenos de mi esposo, aunque también hay contaminación estábamos alejados, vivimos a las orillas por lo que solo podemos plantar en época de lluvia. No tenemos agua para el riego. Teníamos un pozo del que podíamos sacar agua, pero la contaminación llegó por subsuelo. El agua se volvió salada. Plantamos papa y quinua. Antes plantábamos hierbas, pero el lugar donde crecen se ha contaminado y ahora no podemos cultivarlas.
Margarita Aquino muestra el daño ambiental causado al río San Juan, ubicado en la comunidad de Sora Sora, municipio de Poopó, en Oruro, Bolivia, el 6 de febrero de 2026. El río está contaminado por desechos tóxicos de la minería en la zona.
En 2013 la institución colectivo CASA me invitó a formarme junto a otras mujeres de comunidades, para fortalecernos en derechos colectivos, justicia ambiental con justicia de género, desde la cual nació la RENAMAT como una red de mujeres indígenas defensoras de la Madre Tierra. Esta siempre ha sido una sociedad patriarcal y machista, las mujeres hemos tenido que asumir roles de cuidar de los animales y alimentar a los niños, lo que nos alejaba de las reuniones de la comunidad, de los espacios de decisión y de oportunidades para formarnos, nunca hemos tenido tiempo de leer la Constitución ni de aprender sobre nuestros derechos y nuestras leyes. Pero ahora desde el fortalecimiento a las mujeres lideresas hemos aprendido modos para hacer conocer y exigir nuestros derechos y cómo han sido violentados por las empresas mineras. Pudimos asistir a cumbres y pronunciarnos exigiendo solución a los impactos diferenciados por la contaminación en la vida de las mujeres, que queremos soluciones reales para nuestras comunidades, por lo que las mujeres de toda Bolivia nos hemos reunido y hemos debatido sobre cómo se han contaminado nuestras aguas y nuestras tierras. Todas hemos tenido que migrar, muchas de nosotras hemos emigrado a otras comunidades, pero nos hemos unido, apoyándonos mutuamente y alzando nuestras voces para exigir justicia ambiental y de género.
Siempre han sido los hombres quienes mandaron en nuestras comunidades…
…pero ahora muchas mujeres se han despertado y nos hemos dado cuenta cómo nuestras tierras han sido contaminadas, y que tenemos que empoderarnos y apoyarnos, y que unidas podemos hacerlo. En las comunidades indígenas como principio está presente el Chacha Warmi (la dualidad Hombre’Mujer) sin embargo han sido los hombres quienes han tomado las decisiones en nuestras comunidades, muchas veces sin tomar en cuenta las voces de las mujeres…
Hasta hace poco no sabíamos que estaban violando nuestros derechos. Las mujeres somos las primeras en sentir la contaminación, estamos en contacto con el agua y la tierra, y por eso consideramos que las mujeres somos el agua de la Tierra. Hemos visto la triste realidad de cómo se ha contaminado nuestra tierra, y los hombres no lo ven, no les importa la tierra ni el agua. Por eso decidimos formar una organización, compuesta exclusivamente por mujeres, en defensa de la tierra, de la Madre Tierra, para luchar contra el machismo. Queremos defender a la madre Tierra y nuestros derechos que han sido violados. Así es como se formó la Red Nacional de Mujeres en Defensa de la Madre Tierra (RENAMAT).
Margarita Aquino muestra una credencial que lleva como coordinadora de RENAMAT (Red Nacional de Mujeres en Defensa de la Madre Tierra), una organización de mujeres andinas e indígenas dedicada a la defensa de la Madre Tierra. Fotografía tomada en Oruro.
Ahora somos 20 comunidades unidas en defensa de la Madre Tierra.
Como mujeres, damos vida, y la Madre Tierra también da vida, y como la Madre Tierra no tiene voz, nosotras somos su voz, para que no haya más desplazamientos de personas de sus tierras. Nuestro logro es que nos hemos empoderado al identificar la violencia ambiental de las empresas mineras, y que tenemos derecho a la vida, derecho a vivir en una sociedad saludable, derecho a la consulta, a la educación, a la economía. Y hemos identificado la violencia ambiental hacia las mujeres y hemos creado conciencia entre nuestras comunidades.
Ahora somos 20 comunidades unidas en defensa de la Madre Tierra. Nos identificamos con ella, las mujeres damos vida y la Madre Tierra también da vida, aunque la Madre Tierra no tiene voz nosotras somos su voz, trabajamos para que se valore el territorio como antes, recuperando los conocimientos ancestrales, para que no haya más desplazamientos de personas de sus tierras. Nuestro logro es que hay más mujeres empoderadas, estamos trabajando no solo en identificar la violencia ambiental en contra de las mujeres ocasionadas por las empresas mineras sino erradicarla, estamos fortaleciendo la exigibilidad de derechos, como el derecho a la vida, el derecho a vivir en una sociedad saludable, derecho a la consulta, a la educación, a la economía. También estamos buscando fortalecer la defensa de nuestras comunidades y territorios, para decir si a la vida y no a la contaminacion, a que valoremos el agua, por que el agua es vida.
¿Por qué lo llamamos red? Porque es la articulación de mujeres lideresas, mujeres indígenas, mujeres originarias, mujeres campesinas, mujeres regantes, y estamos buscando mejorar las alianzas entre mujeres para crear conciencia en las comunidades y en los medios de comunicación, para que la gente vea cómo las empresas mineras han violado los derechos de las mujeres. Yo tenía ganado y vivía una vida tranquila, pero luego llegaron las empresas mineras multinacionales y nos dejaron con hambre y desolación. Tuvimos que mudarnos a una hora a pie de donde vivíamos. Es triste intentar vivir de la tierra cuando no tienes agua o cuando la contaminación nos despoja de los recursos naturales. Algunas de nuestras hermanas de la Renamat pertenecen a comunidades que están en resistencia para que las empresas mineras no entren en sus comunidades lo cual apoyamos y buscamos fortalecerla.
También tenemos el cambio climático, la crisis climática. Nuestro calendario de cosecha ha cambiado.
Nuestros antepasados miraban al cielo y podían saber si iba a llover, o si había una especie de ave, el Leke Leke (el avefría andina) que hacía su nido en lo alto de las ramas, sabíamos que iba a llover y así sabíamos cuándo plantar. Ahora tenemos heladas cuando hemos plantado patatas y no hay cosecha.
Las mujeres siempre tenemos mil tareas. Somos educadoras, cocineras, agricultoras y administradoras. Pero también somos defensoras, sin embargo, algunas veces debido a nuestro rol de defensoras ya sea en las protestas o en acciones de resistencia nos estigmatizan porque defendemos a la Madre Tierra, y vamos en contra de intereses económicos que generan contaminación, por eso intentan callarnos, las empresas intentan desprestigiarnos para que no podamos dar a conocer nuestras necesidades y demandas. Por eso necesitamos empoderar a mas mujeres para que no se sientan intimidadas por las empresas y que puedan dar a conocer los problemas que viven, por lo que viajamos a otras comunidades para ofrecer talleres y unir nuestras luchas.
Como mujeres, damos vida, y la Madre Tierra también da vida, y como la Madre Tierra no tiene voz, nosotras somos su voz
Al principio era dificil pensar que las mujeres indígenas participaran de espacios de formación o de decisión, porque no se sentían preparadas…
...pero como RENAMAT hemos avanzado rompiendo las barreras de la escolaridad, dándonos formas de obtener información para exigir nuestros derechos, para mejorar nuestra calidad de vida, junto con mujeres de diferentes comunidades, y buscamos alternativas para poder sobrevivir. Hemos involucrado a muchas mujeres y familias. Soy la coordinadora de RENAMAT y tomamos decisiones de manera comunitaria. Somos 60 mujeres, delegadas de diferentes comunidades, y planificamos estrategias para superar la crisis climática y la contaminación causada por las empresas mineras. Durante más de 30 años hemos resistido a las empresas mineras y hemos demostrado que podemos vivir sin minería.
Somos mujeres con diferentes características y de diferentes territorios, algunas hacemos yogur, otras queso, también plantamos papas y quinua, criamos ganado o nos dedicamos al comercio. Hemos defendido comunidades, organizado marchas y protestas, promovido leyes para proteger el agua, como el de la represa de Tacagua, hemos logrado que algunas actividades mineras dejen de afectar a las comunidades y buscamos construir solidaridad entre las comunidades.
Las mujeres trabajamos sin salario, nuestro trabajo no está valorado, pero estamos a cargo del hogar y protegemos la comunidad, somos nosotras las que llevamos los animales y nuestros productos a vender. Sin embargo, siempre son los hombres los que reciben el reconocimiento, nunca se reconoce el trabajo de las mujeres. Nuestro trabajo para defender al medio ambiente es duro pero se hace con el corazón. Ahora ni siquiera tengo animales ni territorio sano busco ayudar a otras comunidades, para ofrecerles alternativas que les permitan sobrevivir y que no se les destruya todo por la contaminación de la minería.
Nos alimentamos de la tierra y trabajamos todos juntos. Hemos plantado un huerto comunitario para que todos podamos comer. Zanahorias, habas, cebollas, patatas... Todo cultivado de forma ecológica y sin productos químicos. Valoramos nuestra alimentación y tenemos que luchar contra el cambio climático para sobrevivir.
Los gobiernos nunca piensan en los pueblos indígenas y nuestras comunidades afectadas por la minería.
Hay una crisis económica, social y política en este país. Durante la pandemia de COVID la mayoría de las comunidades indígenas no fueron afectadas de manera grave porque nos cuidábamos con remedios herbales, con remedios ancestrales, que también son un motivo muy importante para defender nuestros territorios, y RENAMAT tiene como objetivo recuperar esos remedios ancestrales. Nuestros antepasados eran muy sabios, sobrevivieron sin la ayuda del gobierno, eran autosuficientes con su propia economía.
Retrato de Margarita Aquino el 6 de febrero de 2026 en Oruro, Bolivia.
Lo que sigue ocurriendo en la comunidad de Margarita Aquino no es un caso aislado, sino parte de un patrón más amplio en el que las industrias extractivas dejan daños ambientales y sociales duraderos (y a veces irreversibles). Las mujeres indígenas suelen soportar la carga de esos daños, al tiempo que lideran los esfuerzos para sanar y defender sus territorios. Historias como la de Aquino deben difundirse, y hay que tomar medidas de inmediato para proteger el planeta.
Este artículo fue narrado a Adam Critchley y ha sido ligeramente editado para mayor claridad.
La serie «En mis propias palabras» 2025-2026 forma parte del contenido financiado por subvenciones de Global Citizen.


