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Personas que quieren aprender sobre los mayores desafíos del mundo y tomar acción en consecuencia. La pobreza extrema termina contigo.

A homeless woman helps her son Farmaan with his homework as they sit on a bicycle cart, their belongings hanging on a wall, in New Delhi, India, Wednesday, Jan. 16, 2019. Some 800 million people in the country live in poverty, many of them migrating to big cities in search of a livelihood and often ending up on the streets.
Altaf Qadri/AP
Ciudadanía

Tenemos que repensar cómo definimos pobreza extrema, dicen los investigadores

Por qué es importante para los Global Citizens
Desde la década de 1980, la cantidad de personas que viven en la pobreza en todo el mundo ha disminuido drásticamente. Sin embargo, cientos de millones siguen viviendo en la pobreza. Según los expertos, en los países de ingresos medios donde vive el 60% de estas personas, es posible que se necesite un nuevo enfoque de la ayuda externa. Puedes actuar aquí para ser parte de la generación que le ponga fin a la pobreza extrema.


El mundo ha hecho grandes progresos en la erradicación de la pobreza mundial en las últimas décadas, pero ese progreso no ha sido igual en todas partes.

La buena noticia: la tasa global de pobreza se ha reducido a más de la mitad desde 1990, bajando del 36% al 10% en 2015, según datos del Banco Mundial.

La mala noticia: es poco probable que los niveles de pobreza sigan cayendo a tasas tan rápidas en el futuro, a menos que cambien las estrategias de ayuda externa, de acuerdo a lo que dicen los expertos.

Según un artículo publicado en el Journal of Economic Perspectives en noviembre, los conceptos erróneos persistentes acerca de la pobreza y la mejor manera de abordarla están obstaculizando el abordaje exitoso del problema.

El documento señala que gran parte del progreso logrado en la erradicación de la pobreza desde la década de 1980 se ha basado en dos enfoques: fomentar el crecimiento económico y redistribuir los recursos para las personas que viven en la pobreza (a través del estado o la ayuda externa).

Sus autores, Rohini Pande, profesor de economía política internacional en la Universidad de Harvard, y Lucy Page, estudiante de doctorado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, sostienen que si bien estos dos enfoques han ayudado a reducir drásticamente los niveles de pobreza en el mundo, ya no pueden impulsar la reducción de la pobreza a tasas suficientemente altas para acabar con la pobreza extrema para 2030.

En general, los esfuerzos de crecimiento económico han ayudado a reducir el número de personas que viven en la pobreza en muchos países. En las últimas tres décadas, países como India y China vieron crecer sus economías y aumentaron su ingreso nacional bruto (INB). Como resultado, se separaron de la categoría de países de bajos ingresos y entraron en la categoría de países de ingresos medios.

Pero Pande y Page señalan que si bien India, China y otros países que recientemente eran consideran de ingresos medios se han vuelto más ricos, sus poblaciones más pobres no lo han hecho.

Hace cuarenta años, casi todas las personas más pobres del mundo vivían en países de bajos ingresos. Hoy en día, las personas más pobres del mundo pueden dividirse principalmente en dos grupos demográficos, argumenta el documento: personas que viven en estados afectados por conflictos, de bajos ingresos (como Afganistán y la República Democrática del Congo) y personas que viven en países de ingresos medios donde el crecimiento económico se suma a la creciente desigualdad de riqueza.

Los coautores del artículo, que publicaron un artículo de opinión en el New York Times, sugieren que en los países frágiles, impulsar el crecimiento económico es probablemente la mejor manera de ayudar a romper el ciclo de la pobreza. Pero en los países de ingresos medios con altas concentraciones de pobreza que han experimentado un fuerte crecimiento económico en las últimas décadas, dicen que la ayuda externa debería invertirse en "infraestructura invisible", que incluye estructuras fiscales y programas de protección social.

Los autores abogan por que la ayuda se dedique a desarrollar las mismas políticas y programas que los países desarrollados utilizan para ayudar a abordar la desigualdad de la riqueza y asegurar que el apoyo se redistribuya a quienes más lo necesitan.

"Si nos fijamos en la India, que tiene la mayor población de pobres extremos del mundo, los programas de desarrollo del gobierno tienen presupuestos masivos", le dijeron Pande y Page a Global Citizen por correo electrónico. "De hecho, solo la financiación estimada perdida por la mala gestión supera la ayuda extranjera que recibe India".

Argumentan que debido a que India ya está gastando cantidades sustanciales en programas de desarrollo, la ayuda dirigida a mejorar los sistemas de gestión ayudaría a que el país apoye a su propia población.

"Desafortunadamente, es más difícil para los donantes, por ejemplo, ayudar a desarrollar la capacidad de datos para un ministerio de impuestos, que enviar alimentos a las áreas afectadas por la hambruna, pero al final podría ser más beneficioso para las personas más hambrientas", dijeron.

Cuando se trata de ponerle fin a la pobreza de manera efectiva, Pande y Page destacan varios desafíos interrelacionados, incluido el aumento de la desigualdad; un número decreciente de trabajos de baja cualificación debido a la mecanización; conflictos; y el cambio climático.

Pero con voluntad política y ayuda, los desafíos no son necesariamente insuperables.