Por Melissa Alejandra Cáceres Rodas

2 de agosto de 2022

A pesar de generar menos gases de efecto invernadero que Estados Unidos, Europa, Asia y  Medio Oriente, América Latina está viendo los graves impactos del cambio climático.

"El clima de América Latina está cambiando. Los patrones de precipitación están variando, las temperaturas están aumentando y algunas zonas están experimentando cambios en la frecuencia y la gravedad de los fenómenos meteorológicos, como lluvias intensas. Este impacto va desde el derretimiento de los glaciares andinos hasta inundaciones y sequías devastadoras", señaló un informe del World Wildlife Fund (WWF).

WWF subrayó además que los océanos Pacífico y Atlántico que rodean la región "se están volviendo más ácidos, mientras que el nivel del mar también aumenta".

En abril, la Universidad de Duke comunicó que el cambio climático también tendrá un impacto sobre la migración en América Latina. En sus hallazgos, la universidad señaló que el Banco Mundial estima que 17 millones de personas en Latinoamérica se verán obligadas a reubicarse en los próximos 30 años. Esto debido a que las comunidades no pueden adaptarse a los rápidos cambios en los patrones climáticos.

Melissa Alejandra Cáceres Rodas, de 19 años, es una activista climática hondureña que actualmente estudia contabilidad y finanzas. En 2020 fue nombrada Líder de Climate Reality por el Climate Reality Project. Es coordinadora de capacitación y desarrollo en Sustenta Honduras; coordinadora de género y educación en Latinas for Climate; portavoz de Fridays For Future Honduras; y embajadora en Honduras de Unite 2030. En 2021, la joven activista fue la coordinadora comunitaria de la primera Conferencia Local de Jóvenes por el Cambio Climático (LCOY) y de la Conferencia Regional de Jóvenes por el Cambio Climático (RCOY) en Honduras.

El espacio cívico en Honduras está considerado como reprimido por el Monitor CIVICUS,  los defensores de los derechos humanos y  los activistas climáticos viven preocupados en torno a los encarcelamientos, acoso e incluso asesinatos que se presentan en ese país centroamericano. Aquí Cáceres Rodas comparte cómo se convirtió en activista y por qué cree que es importante un enfoque intersectorial de la crisis climática.


Mi nombre es Melissa Alejandra Cáceres Rodas. Tengo 19 años y nací en Honduras. Tengo una hermana mayor y cuando crecí siempre quise hacer lo que ella hacía, así fue como en mi adolescencia, me incliné hacia el trabajo de activista, porque ella se dedicaba a ayudar a la gente.

Recuerdo que le encantaba realizar trabajo voluntario en una comunidad rural o llevar comida a comunidades donde era realmente difícil acceder a los alimentos. Y a lo largo de mi adolescencia, porque ella es siete años mayor que yo, yo también quería hacer eso. Quería hacer trabajos de voluntariado. Quería ayudar a la gente. No sabía que, más adelante, yo estaría más interesada en el activismo y el trabajo voluntario de lo que lo estaba ella.

También quería empezar a estudiar a una edad más temprana porque mi hermana iba a la escuela. Tenía muchas ganas de ir a la escuela y, aunque era muy pequeña, estaba decidida. Cuando quiero algo, se que lo voy a conseguir. Y eso es algo que me ayuda mucho en el activismo, porque en este trabajo tienes que saber exigir y ser clara. Así que cuando tenía 3 años ya estaba en el jardín de niños, y a los 5 años empecé a leer, lo cual era temprano porque la mayoría empieza a leer a los 7 u 8 años.

Sin embargo, fuera de la escuela, por parte de mi familia, a la gente le gustaba mucho señalar mi peso, les gustaba enfatizar el color de mi piel porque mi madre es blanca y mi padre no lo es. Tengo muchos primos del lado materno que son blancos. Así que cada vez que estaba con ellos, destacaba, pero no porque fuera inteligente o porque me gustara la lectura o el inglés. Destacaba porque no era como ellos. Así que creo que eso me afectó mucho y [eso fue] algo que no procesé realmente hasta que fui mayor. Más tarde, creces y te das cuenta de que a veces se mata a la gente por el color de su piel o son asesinados por personas que no entienden su experiencia.

Es muy gracioso porque a veces experimentas este tipo de abusos en la escuela, no en tu familia, pero para mí fue diferente. En la escuela, el color de mi piel no importaba, tampoco  si tenía dinero o no, ni mi peso. Pero cuando estaba con toda mi familia, todo eso sí importaba. En mi adolescencia, decidí que iba a dejar toda esa carga atrás y no la llevaría conmigo.

En 2020, comenzaron las protestas de #BlackLivesMatter y recuerdo que pensé que quería hacer algo. No quería seguir sentada ni quedarme en casa leyendo libros o viendo Netflix. Decidí que quería hacer algo porque soy joven y gente aún más joven que yo estaba haciendo grandes cosas. Fue entonces cuando me topé con una página en Instagram llamada Climate Reality.

Climate Reality es un programa del ex vicepresidente de Estados Unidos y ganador del Premio Nobel, Al Gore. Creó este programa dedicado a buscar soluciones ante el cambio climático en el que personas de todo el mundo pueden formarse con expertos sobre las crisis climáticas y sociales. Una de las cosas que nos gusta señalar mucho en todas las organizaciones en las que participo es que cuando hablas de la crisis climática, estás hablando también de una crisis de derechos humanos. Siempre hay que tenerlo en cuenta. Cuando hablas de la crisis climática, también lo haces de cuestiones de género, de derechos humanos y sociales.

En años anteriores, la capacitación de Climate Reality era presencial, pero en 2020, debido a la pandemia, fue virtual. Pensé que si no aprovechaba la oportunidad en ese momento, no podría ir porque es muy costoso viajar a Estados Unidos y ahora, tenía la oportunidad de hacerlo [virtualmente].

El programa Climate Reality fue la forma en que empecé a introducirme en el activismo climático, pero la manera en la que fui criada también fue una influencia importante. Una gran [influencia] en mi infancia fue mi abuela materna. Ella vive en una pequeña comunidad en una casa junto a un gran río, en medio del bosque. Cuando era niña, me encantaba ir allí porque podía nadar, andar en bicicleta y también montar a caballo. Así que mi infancia estuvo rodeada de naturaleza y, hasta el día de hoy, estoy muy conectada con ella. Una de las cosas que más me gustan de vivir en Centroamérica es que tenemos mucha naturaleza, mucha biodiversidad. Honduras es el hábitat de una gran diversidad de especies endémicas. Vayas a donde vayas en el país, vas a ver árboles, pájaros, naturaleza, y eso es algo que me encantaba cuando era niña.

Ahora sigo observando la naturaleza, pero también la percibo más dañada. Los bosques se están talando, se están quemando, y eso también me impulsó a participar en el activismo del medio ambiente, porque hubo un momento en el que me di cuenta que yo tenía la oportunidad de ir al río o al bosque, pero que esa misma oportunidad se la podían quitar a mi hermana pequeña, o a las próximas generaciones.

Creo que una de las cosas que ayudó a mucha gente a involucrarse más en el activismo durante la pandemia fue que muchas cosas eran virtuales, porque cuando son en persona, es realmente difícil moverse de un punto a otro. Por ejemplo, a las representantes de Latinas for Climate que fueron a la COP26 les resultó muy costoso acudir, porque ir de Chile, Honduras o México a Glasgow, es dar un gran salto de un océano a otro, de un continente a otro. Este año, la COP27 se va a celebrar en Egipto y no tenemos ni idea de cómo vamos a asistir o si vamos a tener algún tipo de representación allí porque es más caro que viajar a Glasgow.

Asistir a plataformas como la COP es importante porque creo que hay cierto interés por parte de algunas instituciones gubernamentales en frenar la crisis climática, pero es muy importante que estas discusiones y las posibles acciones que se acuerden no se queden sólo en el papel o en un convenio. Aparte del interés, creo que es necesario empezar a tomar acciones sobre el cambio clímático aquí y ahora. Nuestro tiempo en la Tierra se está agotando y nos acercamos cada vez más al punto de no retorno, donde perderemos cientos de especies y sufriremos más sequías, desastres naturales, etc.

A lo largo de los años, siento que poco a poco se han ido abriendo espacios para los jóvenes y ahora nuestras voces se han tomado en cuenta en algunos procesos de consulta. Por ejemplo, Latinas for Climate ha tenido recientemente la oportunidad de participar en la Conferencia Local de Jóvenes (LCOY) en México, donde están preparando una declaración de los jóvenes para ser presentada en la Conference of Youth (COY) en octubre. Además, muchas chicas de América Latina ya están buscando formas de participar en la COP27, como Sustenta Honduras, que fue la primera organización juvenil medioambiental en ser consultada para la creación de las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) en Honduras.

Latinas for Climate ha tenido un crecimiento increíble en los últimos años y definitivamente la presencia de delegadas de L4C en la COP26 nos ha abierto muchas oportunidades a nivel internacional. Estoy segura de que si logramos participar y enviar una gran delegación de jóvenes activistas latinas a la COP27 y aseguramos la representación de más latinas en estos espacios, conseguiríamos que nuestras demandas sean escuchadas. Definitivamente nos tendrían en consideración, y si no lo hiciesen, siempre nos haremos oír, aquí en América Latina o en Egipto.

Latinas for Climate comenzó en 2020 después de la campaña global por el Acuerdo de Escazú, un acuerdo de gran importancia que tiene por busca proteger a los activistas de América Latina y preservar la naturaleza. Fue en esta campaña donde las nueve fundadoras de Latinas for Climate decidieron continuar con el trabajo que habían realizado en dicha campaña y decidieron empezar a compartir información importante relacionada con el activismo medioambiental de forma accesible para otras personas.

Desde entonces, el acuerdo se ha adoptado en varios países, como Chile. En Honduras, todavía no se ha adoptado ni ratificado. Decidieron seguir trabajando juntos después de esa campaña debido a la necesidad de justicia climática y de activismo intersectorial por el cambio climático en América Latina. Al principio éramos nueve miembros, pero ahora somos más de 100. El objetivo de Latinas es concienciar sobre la crisis climática con una perspectiva de género, de derechos humanos y latinoaméricana, para educar a niñas y mujeres de la región sobre este tema, para que se empoderen y empiecen a actuar por un futuro mejor.

Una de las cosas que nos gusta hacer es educar. Tratamos de dar las herramientas adecuadas para que las jóvenes se empoderen y empiecen a actuar en sus comunidades. También buscamos amplificar las voces de niñas y mujeres de América Latina y el Caribe para que cada una de ellas pueda pasar a la acción por la causa que le inspira, así como crear espacios de conversación para aprender sobre la crisis climática de forma intersectorial. Esto se debe a que el activismo tiene que ser intersectorial porque el activismo no es sólo desde una perspectiva blanca, o de nuestro equipo, o heterosexual. Hay que tener un activismo o una organización que incluya a todas las personas. También tenemos que actuar ahora y tenemos que actuar juntos. Eso es realmente importante, porque si haces activismo solo, no vas a lograr cambiar la crisis climática o los problemas sociales. Sólo eres una pequeña gota en el océano y eso no va a suponer un gran cambio. Los activistas tienen que unirse.

Existen numerosos retos a la hora de realizar este trabajo. Uno de los mayores es que estamos en diferentes lados del mundo en el Sur Global y estamos en diferentes países. Ahora mismo, estamos buscando formas de crear campañas para ir a la COP27. Queremos llevar una delegación de mujeres jóvenes latinoamericanas allí, pero es costoso. Ni siquiera sabemos si una de nosotras podrá ir. Realmente queremos darnos a conocer. Realmente queremos hacernos presentes. Pero eso requiere tiempo y dinero.

No toda la gente del mundo va a estar de acuerdo contigo, así que a veces, en el activismo, vas a tener este tipo de retroceso o vas a tener ataques a tu persona por lo que estés haciendo o por tu trabajo. Mucha gente no cree en la crisis climática y piensa que es una mentira y eso supone un reto. Además, no nos importa cuál es tu estatus social o tu género o a quién amas, pero algunas personas encuentran un problema en ello. Muchos quieren ser activistas y estar en este tipo de programas, pero cuando les dices que también vamos a tener gente de la comunidad LGBTQ+, o que también vamos a tener gente de esta comunidad, muchos dicen: "No quiero trabajar con esa gente".

También es un trabajo peligroso, pero por el momento no creo que hayamos sido atacadas ni hayamos sufrido ninguna represión, afortunadamente. El asesinato de la activista medioambiental Berta Cáceres marcó definitivamente para mí un antes y un después de lo que es ser activista medioambiental. Es duro ver cómo se oprime o asesina a personas sólo porque intentan ayudar a sus comunidades o porque quieren hacer del mundo un lugar mejor.

Siempre intento recordarme a mí misma que no todo el mundo puede compartir mi punto de vista, pero que siempre es importante ser civilizada y respetuosa con la opinión de los demás. Creo que, como sociedad, estamos [tan] empeñados en hacernos más ricos, más geniales, intentando siempre destacar, que olvidamos que dependemos en gran medida de nuestras comunidades. También es demasiado pronto para decirlo, pero el tiempo dirá cómo van a tratarse las cuestiones climáticas y de género por parte del nuevo gobierno hondureño. Personalmente, me gustaría ver un mayor compromiso con la Acción Climática que en años anteriores, y que las mujeres formen parte de ella en cada paso del camino, no como fichas, sino como responsables.

Por último, a veces nos sentimos solos o creemos que no tenemos el poder de hacer cosas o de provocar cambios, pero tenemos que entender que no estamos solos. Creo que esa es una de las cosas más importantes. Si quieres pasar a la acción, si quieres formar parte de una organización, o si sientes que no tienes el poder suficiente para lograr el cambio, hay personas en el mundo que tienen las mismas ideas, que tienen los mismos planes o que tienen las mismas creencias que tú. Sólo tienes que encontrarlas.

Según le fue dicho a Gugulethu Mhlungu.



La serie 2022 En mis propias palabras ha sido posible gracias al apoyo financiero de la Fundación Ford.

In My Own Words

Defiende el planeta

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Por Melissa Alejandra Cáceres Rodas