En LinkedIn, se describe como un “ninja postcosecha”. Así de comprometido está con reducir las pérdidas que enfrentan los agricultores cuando no tienen acceso a un buen almacenamiento.

Dysmus Kisilu es un hombre de pocas palabras. Pero si hay algo que le mueve de verdad es la seguridad alimentaria, y por eso está dispuesto a dar la pelea.

Este Ganador del Global Citizen Prize creció en una zona rural de Kenia, donde nació su interés por resolver los desafíos de la agricultura.

“Crecí viendo a mi abuela cultivar. Se esforzaba muchísimo cada temporada y aun así perdía casi la mitad de lo que producía antes de que llegara al mercado — no porque hiciera algo mal, sino porque no había cámaras de frío cerca. Los intermediarios lo sabían y le pagaban casi nada. Eso se me quedó grabado”, dice.

“Cuando tuve la oportunidad de estudiar Energía Renovable en la University of California, Davis (a través de un programa vinculado al presidente [Barack] Obama) no fui para hacer carrera afuera. Fui, aprendí y volví a casa. Tomé lo que estudié y lo convertí en Solar Freeze: una plataforma de almacenamiento en frío impulsada por energía solar que hoy ya apoya a más de 300,000 pequeños agricultores en todo Kenia”.

Kisilu está en sus veintitantos y lidera un equipo cuya edad promedio también ronda esa misma etapa.

“Construimos esto en las mismas comunidades donde crecimos”.

Dysmus Kisilu revisa fruta recién cosechada en un centro de frío Solar Freeze, ayudando a mantenerla fresca más tiempo y reducir pérdidas poscosecha. Imagen: Patrick Shomba para Global Citizen

Cómo empezó

El alto costo del equipamiento y una electricidad inestable son algunas de las barreras que Kisilu vio en primera persona.

El almacenamiento en frío es clave en las cadenas de suministro agrícolas modernas, pero en zonas rurales no siempre es fácil acceder a él.

Ahí es donde entra este emprendedor, cofundador y CEO de Solar Freeze.

Dice que se sintió empujado a encontrar una solución.

“La verdad, no me propuse ser activista — me propuse resolver un problema. Pero no puedes ver a 300,000 familias agricultoras perdiendo ingresos por los que trabajaron toda una temporada y quedarte callado frente a los sistemas que permiten que esto siga pasando. La pérdida postcosecha es uno de los problemas más fáciles de resolver en la agricultura global y, aun así, de los menos financiados. Alguien tiene que decirlo fuerte y seguir diciéndolo hasta que lleguen el dinero y la atención”.

Un trabajador cosecha cítricos para guardarlos en un centro Solar Freeze, donde el frío alarga la vida útil y reduce el desperdicio de comida. Imagen: Patrick Shomba para Global Citizen

Construyendo una solución

Kisilu explica qué hacen.

“Solar Freeze instala hubs modulares de almacenamiento en frío, impulsados por energía solar, directamente en comunidades rurales que nunca tuvieron acceso a refrigeración — sin necesidad de red eléctrica y sin costo inicial para los agricultores. Extendemos la vida útil de frutas y verduras frescas de 1–2 días a 2–3 semanas, y eso lo cambia todo. Un agricultor que antes vendía desesperado el día de la cosecha ahora puede esperar, negociar y vender cuando el precio sea justo”, dice.

“Hemos generado 45 millones de dólares en ganancias acumuladas para los agricultores, evitamos 150 toneladas de desperdicio de alimentos cada mes y demostramos hasta un 90% de reducción en pérdidas postcosecha para los agricultores a quienes apoyamos. La plataforma también incluye inteligencia de mercado impulsada por IA, acceso PAYGO con dinero móvil y cinco herramientas financieras integradas que abren la puerta al crédito y al seguro para agricultores que nunca habían podido acceder a ninguno de los dos”.

Avances y desafíos pendientes

Kisilu dice que los agricultores lo inspiran todos los días. Y que son la razón por la que sigue comprometido con mejorar la seguridad alimentaria.

“Siempre los agricultores. Pienso en una mujer llamada Mary — fue de las primeras en usar Solar Freeze. Estaba por vender toda su cosecha de tomates a un intermediario al borde de la carretera porque no tenía otra opción. Le pedimos que esperara, guardó su producto y, tres semanas después, vendió directo a un supermercado de Nairobi por cuatro veces el precio. Con ese dinero pudo pagar la escuela de sus hijos por primera vez en dos temporadas. Cuando estoy cansado, pienso en Mary. Hay 300,000 personas como ella contando con que esto siga funcionando”.

Pero también dice que todavía falta muchísimo, y que escalar toma tiempo. Esa es la parte más dura de hacer crecer una organización como Solar Freeze.

“Ya probamos que funciona. Ahí están los datos, ahí están las Cuentas auditadas, ahí están los resultados para los agricultores. Pero expandir infraestructura en zonas rurales de África requiere capital, y el capital se mueve lento. Ver que los agricultores en comunidades a las que todavía no llegamos sigan perdiendo cosechas que ya sabemos cómo salvar — eso de verdad pesa”.

Hojas verdes recién cosechadas se guardan en un centro de frío Solar Freeze, ayudando a pequeños agricultores a mantenerlas frescas más tiempo, reducir desperdicio y aumentar su potencial de ingresos. Imagen: Patrick Shomba para Global Citizen

Ampliando su impacto

Fortalecer la seguridad alimentaria en el clima actual no es poca cosa. Kisilu cree que ganar el Global Citizen Prize for Clean Energy le da una plataforma más grande no solo para compartir su trabajo, sino también para abrir espacio a otros innovadores.

“Significa que la historia se cuenta. Solar Freeze ya tiene reconocimientos increíbles — Duke, UCLA, Echoing Green, la Gates Foundation — pero, aun así, sigue existiendo sobre todo dentro del mundo del emprendimiento social. La plataforma de Global Citizen llega a personas que nunca escucharon de nosotros, y esa visibilidad importa. Importa por los agricultores cuyas vidas están detrás de estos números. Y también importa para cada joven innovador africano que necesita ver que sí podés construir algo serio, desde tu casa, para tu comunidad, y que el mundo lo va a notar”, dice.

Con el premio, recibe una inyección de dinero, pero, sobre todo, obtiene apoyo durante todo el año de Global Citizen para amplificar su trabajo.

Kisilu quiere usar ese año de forma estratégica.

“Para ese momento quiero haber llegado a las comunidades a las que todavía no llegamos. De acá a un año, quiero que más agricultores tengan acceso a almacenamiento en frío que de verdad puedan pagar, que más mujeres jóvenes estén gestionando hubs en sus propios pueblos, y que más personas — financiadores, gobiernos, otros emprendedores — se tomen en serio la pérdida postcosecha como un tema de justicia climática y económica. Si la plataforma de Global Citizen ayuda a empujar cualquiera de esas cosas, eso lo es todo”.

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Por qué Dysmus Kisilu cree que la pérdida poscosecha es justicia económica

Por Thulani Gqirana