Imagínate a un estudiante universitario joven, pongamos que se llama Boyd, que siempre ha soñado con viajar por el mundo. Pero en vez de planear sus aventuras, está pegado al móvil, haciendo scroll entre titulares, imágenes y videos de huracanes devastadores que se llevan casas por delante, sequías extremas que empujan a millones a la inseguridad alimentaria y a la falta de agua, e incendios forestales que arrasan comunidades enteras. Cada titular le pesa en el pecho, le va llenando de una inquietud creciente por el futuro… y le oscurece el sueño de salir a explorar las maravillas del mundo.
Solo en la primera mitad de 2024, las pérdidas globales por desastres naturales alcanzaron la impresionante cifra de 120.000 millones de dólares. Es más que el promedio de pérdidas tanto de la última década como de los últimos 30 años.
Si esto te da ansiedad por lo que podría traer el futuro, no eres la única persona. En una encuesta de 2021 a 10.000 jóvenes de 16 a 25 años en diez países, casi el 60% dijo estar muy preocupado por el cambio climático. Y todavía más revelador: más del 45% afirmó que lo que siente sobre el cambio climático afecta su vida diaria.
Como Boyd, muchísimas personas jóvenes se sienten sobrepasadas e impotentes ante la incertidumbre y los daños que causa el cambio climático. Y esa sensación se intensifica con la cobertura constante de estos desastres en redes sociales, que impacta nuestra salud mental y dispara la ecoansiedad.
Últimamente, la ecoansiedad (o ansiedad climática) se ha colado en nuestro vocabulario colectivo, y con razón. A medida que el cambio climático se agrava, mucha gente se queda atrapada en un ciclo de desesperanza: siente que es “demasiado pequeña” como para marcar la diferencia, y eso pasa factura al bienestar mental. Está bien reconocer que estas emociones son válidas, pero no deberían definirte.
Aquí tienes cinco pasos para proteger tu salud mental frente a la ecoansiedad.
Mantente informado, pero pon límites: para bajar la ecoansiedad, pon límites saludables al consumo de noticias sobre el clima. Tómate descansos con regularidad y prioriza titulares con enfoques más esperanzadores y constructivos.
Por ejemplo, avances recientes en energías renovables —sobre todo en tecnología solar— están abriendo camino hacia emisiones netas cero para 2050. Un gran ejemplo es la planta solar Al Dhafra de los Emiratos Árabes Unidos, el parque solar más grande del mundo, que genera unos impresionantes dos gigavatios (GW) de electricidad libre de carbono, suficiente para abastecer a más de 200.000 hogares.
Puedes encontrar historias que levantan el ánimo en plataformas informativas como el blog de Global Citizen, Euronews Green y Positive News. Todas actualizan con frecuencia sobre innovación en sostenibilidad y acción climática, y te dan un respiro dentro de un ciclo de noticias que a veces abruma.
Leer historias positivas como estas puede ayudarte a ganar perspectiva, mejorar la concentración y mantenerte conectado con el presente sin sentirte saturado.
Prioriza el cuidado de tu salud mental: Incorporar técnicas para reducir el estrés como yoga, caminatas conscientes, respiración profunda y meditación en tu rutina diaria —y ser constante— puede ayudarte a manejar las emociones intensas que provoca la ecoansiedad. Hay muchos recursos online; por ejemplo, Climate Psychiatry Alliance ofrece materiales muy completos para gestionar el malestar climático. Además, suscribirte a apps como Headspace, Calm y Breathwrk te da ejercicios guiados y técnicas para bajar la ansiedad y cuidar tu bienestar mental.
Busca apoyo profesional: El impacto emocional del cambio climático puede sentirse como un callejón sin salida: hagas lo que hagas, te quedas con la sensación de estar atrapado. Hablar con un terapeuta puede darte un espacio seguro para procesar lo que sientes, encontrar estrategias creativas para sobrellevarlo y recuperar la sensación de poder para generar un cambio real —no solo en tu vida, también en la de quienes te rodean.
Únete a una comunidad: Como dice el dicho: “Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Conectar con gente afín que también vive la ecoansiedad puede ser una forma potentísima de aliviar la carga mental.
Muchos de estos grupos organizan eventos, talleres y encuentros virtuales para compartir conocimiento y habilidades prácticas para cuidar el medioambiente. Sumarte a una comunidad así te ayuda a ver que no estás solo y refuerza una idea clave: el cambio climático es una realidad para todo el mundo, y lo que tú aportas sí vale —por el planeta y por las generaciones futuras.
Toma acción: Una manera muy efectiva de reducir la ecoansiedad es incorporar pasos pequeños y alcanzables en tu día a día. Empieza con acciones sencillas como reducir plásticos de un solo uso, hacer jardinería, cambiar a electrodomésticos eficientes, o incluso firmar una petición para que los líderes mundiales tomen medidas inmediatas para proteger nuestro mundo. Hacer voluntariado también es una gran forma de conectar con otras personas que comparten tu motivación y, a la vez, generar impacto en tu comunidad local. A medida que se acercan las elecciones en Estados Unidos, plantéate votar por candidatos que prioricen la acción climática y las políticas verdes. Estos pequeños pasos se suman a un movimiento mayor para visibilizar la urgencia de actuar por el clima.
Adoptar una mentalidad de optimismo climático es clave para nuestro bienestar mental. Cuando entiendes que cada paso cuenta —ya sea unirte a una comunidad, practicar mindfulness, hablar con un terapeuta o defender políticas más amigables con el clima— puedes transformar la ecoansiedad en acciones concretas hacia un mundo más sostenible.
A medida que Boyd empieza a aplicar estas estrategias, empieza a encontrar esperanza en medio de la desesperación. Se da cuenta de que, aunque no puede controlar todo lo que pasa a nivel global, sí puede desempeñar un papel esencial para defender el planeta ante la crisis climática. Y al cuidar su salud mental, vuelve a conectar con su sueño de explorar el mundo, sintiéndose capaz otra vez.