En junio de 2026, los líderes del G7 se reunirán en Évian, Francia, para una cumbre que pondrá a prueba si la frase “solidaridad global” todavía significa algo en una era marcada por presupuestos de ayuda cada vez más recortados y un multilateralismo bajo ataque.

Francia asumirá este año la presidencia del G7, un rol que le da una influencia enorme sobre la agenda del grupo. Como país que preside, Francia no puede dictar los presupuestos de otros gobiernos, pero sí puede empujar la agenda del G7 y guiar qué temas se ponen sobre la mesa, moldeando la agenda global mucho después de que terminen las fotos.

Francia llega a este rol en un momento clave. En muchos países vulnerables, los programas financiados con ayuda ya se están reduciendo o cerrando. Los sistemas de salud están al límite por el peso de los shocks climáticos, la volatilidad de los precios de los alimentos y los conflictos, justo cuando el apoyo internacional se vuelve más impredecible que nunca.

Una sola cumbre rara vez cambia el mundo por sí sola. Pero las prioridades que Francia ayude a impulsar, o deje caer, pueden marcar la política global durante años. Esto es lo que está en juego.

Évian como punto de control

Tras asumir la presidencia, funcionarios franceses dicen que se centrarán en reconstruir alianzas internacionales y abordar desequilibrios globales. Planean usar negociaciones y foros sobre salud, desarrollo, África y paz para definir lo que finalmente llegue a la declaración final de los líderes. Este documento, aunque no es vinculante, señala las prioridades del G7 y lo que las democracias más ricas del mundo consideran importante mantener en la agenda multilateral.

Gran parte de este trabajo ocurre entre bambalinas y a través de las vías ministeriales de finanzas, desarrollo, salud, clima y asuntos exteriores, definiendo qué lenguaje sobrevive al final tras negociaciones intensas. Francia quiere fijar un estándar claro a lo largo de ese proceso mediante:

  • Poner dinero real detrás de prioridades compartidas,
  • Hacer que la financiación sea predecible para países y comunidades,
  • Tratar la solidaridad como un compromiso financiero.

El contexto global de este año decisivo

Este año, ese poder para marcar la agenda importa más que nunca mientras el G7 se prepara para un año clave. Sobre el terreno, en todo el mundo, estos retrocesos ya están teniendo impactos muy concretos. Los programas que dependen de la ayuda se están reduciendo o cerrando después de recibir otro golpe más.

Por ejemplo, cuando las clínicas móviles de salud dejaron de atender a comunidades remotas en Madagascar a principios de este año, no fue porque hubiera bajado la demanda de atención. Fue porque se recortó la financiación.

Estas clínicas, que ofrecían anticoncepción esencial, atención materna y servicios básicos de salud a mujeres que de otro modo tenían pocas o ninguna alternativa, se vieron obligadas a suspender operaciones tras el recorte de la ayuda exterior. Los equipos de alcance comunitario quedaron paralizados. Los servicios, en pausa. Y las familias que ya contaban con esa atención regular no recibieron un calendario claro de cuándo volvería la ayuda.

Interrupciones similares están ocurriendo en África subsahariana y el sur de Asia a medida que la ayuda oficial al desarrollo (AOD), también conocida como ayuda exterior, cae tras años de crecimiento. La AOD se refiere a financiación pública que apoya el desarrollo y el bienestar en países económicamente frágiles. Aunque el término suene técnico, su impacto en la vida cotidiana es enorme.

La ayuda de países ricos que antes sostenía servicios de salud rutinarios, programas educativos, iniciativas de seguridad alimentaria y proyectos de adaptación climática es cada vez más incierta —o directamente está desapareciendo. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la AOD global cayó en términos reales en 2024, el primer descenso en cinco años.

“Es lamentable que la AOD disminuyera en 2024 tras cinco años de crecimiento continuo”, Carsten Staur, presidente del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE, dijo cuando se publicaron las cifras. “Y es aún más preocupante que algunos de los principales donantes hayan señalado nuevas reducciones, y bastante significativas, en los próximos años”.

Una desaceleración global

No se trata solo de uno o dos países recortando su gasto en ayuda. Varios países del G7 han reducido el gasto en desarrollo en los últimos dos años, citando cuentas complicadas en casa, la necesidad de invertir más en presupuestos de defensa militar y un mayor gasto en alojamiento de personas refugiadas, que cuenta dentro de su gasto total de ayuda según las reglas internacionales.

Reino Unido sorprendió al mundo cuando abandonó su objetivo histórico de destinar el 0,7% de su ingreso nacional a ayuda, en línea con la meta de la ONU, y lo redujo al 0,3%. El primer ministro Keir Starmer defendió la medida como necesaria para gestionar las finanzas públicas en medio de una crisis del coste de vida en el país. Alemania, el mayor donante de Europa por volumen, también recortó la ayuda en su presupuesto de 2024 por presiones fiscales internas.

Estados Unidos, el mayor donante del mundo en términos absolutos, fue más lejos en 2025. El Departamento de Estado informó que el 83% de los programas de USAID, la agencia nacional que supervisaba la mayor parte de la ayuda humanitaria y al desarrollo en el exterior antes de ser desmantelada el año pasado, fueron cancelados, congelando más de $8 mil millones en fondos aprobados y poniendo seriamente en duda el futuro del sistema global de ayuda.

Cómo Francia puede hacer que su presidencia del G7 cuente

La ayuda hace posibles campañas de vacunación, servicios de salud materna e infantil, escuelas, asistencia alimentaria de emergencia y proyectos de adaptación climática. En muchos países, especialmente los que lidian con deuda o instituciones frágiles, es una de las pocas fuentes de financiación fiables.

A medida que el cambio climático se acelera, los fenómenos meteorológicos extremos, los shocks económicos y las crisis humanitarias golpearán cada vez más a los mismos lugares una y otra vez. Para empeorar las cosas, no llega ni de lejos suficiente dinero del sector privado a los países con mayores riesgos económicos, porque lxs inversores tienden a preferir apuestas y mercados más estables.

Por eso, analistas advierten que unos presupuestos de ayuda más ajustados pueden tirar por la borda décadas de avances. Los recortes sostenidos a la cooperación podrían traducirse en millones de muertes adicionales prevenibles antes de que termine la década, afectando de manera desproporcionada a los niños y niñas del mundo.

¿Y Francia dónde queda en todo esto? El país sigue siendo uno de los principales donantes del mundo, pero también se ha sumado a la desaceleración general. Los datos de la OCDE sitúan la AOD francesa en el 0,48% del ingreso nacional bruto en 2024. Organizaciones de la sociedad civil francesa han advertido que los cambios presupuestarios recientes, equivalentes a unos 2 mil millones de dólares en recortes de ayuda, han vuelto la financiación menos predecible y han complicado la planificación a largo plazo, poniendo millones de vidas en juego en el proceso.

El gobierno francés a menudo se ha presentado como defensor del multilateralismo.

El presidente Emmanuel Macron incluso advirtió sobre lo que llamó el “doble discurso” de los países ricos: esos que hablan de solidaridad en el escenario mundial, pero luego no la respaldan con hechos. 

“Ningún país debería tener que elegir nunca entre reducir la pobreza y proteger el planeta”, dijo Macron en una cumbre mundial de finanzas en París, hace apenas unos años, en junio de 2023.

Pero para las personas cuya vida depende de la ayuda, las palabras solo valen si de verdad se traducen en una financiación estable. En salud, educación y adaptación climática, la previsibilidad importa tanto como los grandes anuncios. Para afrontar los desafíos globales hace falta una visión a largo plazo: desde el personal hasta las compras, pasando por construir confianza.

Qué podés hacer para ayudar

Si Francia decide que sus acciones estén a la altura de sus palabras, el encuentro de junio en Évian podría ser una llamada de atención clave para todos los países del G7. Va a mostrar si los países ricos pueden reconocer las consecuencias devastadoras de recortar la ayuda y coordinar una respuesta a la altura, o si los titulares sobre la devastación van a seguir siendo la nueva normalidad.

Esto es lo que puedes hacer, estés donde estés: 

  1. Compartir esta historia con otras personas. Los recortes de ayuda pasan cuando los gobiernos no sienten la presión de seguir invirtiendo en lo que de verdad le importa a sus votantes. Compartir ayuda a mantener la financiación para el desarrollo, la salud y el clima en la conversación pública mientras avanzan las negociaciones del G7.
  2. Tomar acción durante todo el año. Global Citizen va a lanzar acciones específicas antes de la cumbre de Évian, para pedirles a los gobiernos del G7 que protejan los presupuestos de ayuda, se comprometan con financiación plurianual y mantengan la financiación para el desarrollo en la agenda. Firmar y amplificar esas acciones ayuda a meter la presión que hace falta.
  3. Si estás en Francia, contacta a tus representantes. Las y los legisladores franceses van a ayudar a definir la postura del país como presidencia del G7. Llamarlos o escribirles para defender la financiación al desarrollo es una de las formas más directas de influir en el papel de Francia en este proceso.

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Por Sarah El Gharib