África tiene la población más joven del mundo: una edad media de 19.7 años y casi 60% menor de 25. Y esto no es solo un dato curioso: es el combustible que está moldeando el futuro económico del planeta. Cada año, muchas personas jóvenes entran al mercado laboral, pero las oportunidades de empleo formal no han crecido al mismo ritmo. ¿El resultado? Un mercado de trabajo durísimo y una transición complicada después de la escuela.

Pero la juventud no se está quedando de brazos cruzados. Está cambiando las reglas del juego y generando ingresos en industrias creativas, impulsadas por la cultura, que se mueven más rápido que los sectores tradicionales.

El poder joven impulsa la creatividad global

Pensemos en la música. Artistas africanos como Burna Boy, Tems, Ayra Starr, Tyla, Rema y Black Sherif están sonando en los rankings internacionales y llenando recintos importantes, de Lagos a Londres y Nueva York. Su éxito afuera refleja un cambio más amplio en cómo el mundo consume música. Los ingresos de la música grabada en África subsahariana crecieron 22.6% en 2023, convirtiéndola en uno de los mercados musicales de más rápido crecimiento a nivel mundial.

Y este crecimiento es mucho más que estadísticas de streaming. A medida que crece el público, también crece todo el ecosistema de empleo alrededor de la industria: productores, ingenieros de sonido, managers, equipos de gira, marketers, distribuidores digitales y operadores de recintos. Y la música es solo el comienzo. En todo el continente, la creatividad liderada por jóvenes también está empujando el crecimiento en otros sectores.

El cine trae un impulso similar. La industria cinematográfica Nollywood, en Nigeria, es una de las más grandes del mundo por volumen de producción y realiza más de 2,500 películas al año. Ese nivel de producción aporta muchísimo a la economía de Nigeria, y el sector de entretenimiento en general genera miles de millones en ingresos y crea una enorme cantidad de empleos: equipos de producción, edición, vestuario, construcción de sets, iluminación, transporte y muchos roles más en el set.

Ese mismo empuje emprendedor también está transformando la moda africana. La escena de la moda en África es un sector económico en crecimiento que genera 15.5 mil millones de dólares al año, impulsando a diseñadores, trabajadores textiles, stylists, fotógrafos, empresas de logística y tiendas. Incluso en puestos de entrada, muchas personas jóvenes aprenden lo básico para hacer negocios —conseguir telas, construir marca y vender al mundo— mientras crean looks que llaman la atención.

Subir de nivel: qué hace falta para ganar en grande

Esta ola creativa no es “dinero de bolsillo”. A nivel global, las industrias culturales impulsan el 3.1% del PIB y casi 50 millones de empleos. Eso pone al sector en una escala comparable a la de muchas industrias tradicionales.

Para las economías africanas, esto es una oportunidad estratégica de crecimiento. Las industrias creativas se apoyan en el talento, la propiedad intelectual y la infraestructura digital, no en recursos extractivos como los combustibles fósiles o la minería. Además, están orientadas a la exportación, suelen estar lideradas por jóvenes y se adaptan a mercados globales que cambian rapidísimo.

La tecnología también está acelerando esta expansión. Hoy un smartphone puede ser estudio de grabación, plataforma de edición, vitrina de ventas y canal de marketing, todo al mismo tiempo. Las redes sociales bajan las barreras de distribución, mientras que los servicios de streaming conectan contenido local con audiencias internacionales al instante. Y como los costos de arranque son más bajos, la gente joven puede probar ideas, construir marcas y escalar mucho más rápido que en sectores donde la entrada cuesta carísimo.

El talento puede abrir puertas, pero los sistemas son los que definen hasta dónde pueden llegar las personas creadoras. Cuando se amplía el acceso digital y se fortalecen ecosistemas empresariales sólidos, los proyectos creativos pueden pasar de ser esfuerzos individuales a convertirse en empresas sostenibles.

Volvamos a la música. El talento genera reproducciones, pero leyes de derechos de autor fuertes y sistemas de regalías efectivos determinan si artistas, productores y compositores realmente cobran. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual señala que los marcos sólidos de propiedad intelectual son esenciales para industrias creativas competitivas. Sin derechos claros y pagos justos, los artistas no reciben un ingreso justo y el crecimiento se frena.

En el cine pasa lo mismo. Escalar la industria requiere capacitación técnica, infraestructura de estudios y redes de distribución, no solo hacer más películas. Desarrollar habilidades locales y capacidad de producción es clave para fortalecer los sectores nacionales de cine. Más cámaras ayudan, sí, pero la diferencia la hacen equipos mejor capacitados y mejores instalaciones de postproducción.

Y para creadores digitales, todo depende de la conectividad. Tener internet accesible, confiable y a buen precio define quién puede entrar a los mercados digitales. El State of Mobile Internet Connectivity Report 2024 de GSMA muestra que la asequibilidad y el acceso siguen siendo desafíos clave en África subsahariana, que además es la región con las mayores brechas de cobertura a nivel global. La GSMA —una organización global que une el ecosistema móvil para descubrir, desarrollar y llevar innovación, base de entornos empresariales positivos y cambios sociales— destaca que cuando los datos son caros o poco confiables, el crecimiento digital y las oportunidades económicas se desaceleran.

La meta no es solo volverse viral. Cuando estas piezas encajan —protección de propiedad intelectual, desarrollo de habilidades, infraestructura, financiamiento y acceso digital— el trabajo creativo se convierte en algo más que un “rebusque” o un hobby. Se convierte en negocio. Se convierte en ingresos constantes. Se convierte en empleos.

La juventud necesita propiedad a largo plazo, ingresos estables e industrias que puedan competir globalmente. Las y los creadores jóvenes ya están construyendo marcas, sellos, productoras, estudios de diseño y plataformas digitales. El siguiente paso es asegurar que los sistemas a su alrededor se diseñen con la misma intención.

Manual de políticas: qué tiene que pasar ahora

La energía creativa del continente salta a la vista. Jóvenes africanos ya están produciendo álbumes, lanzando marcas de moda, dirigiendo películas, construyendo plataformas digitales y gestionando eventos. Esto es lo que necesitan los mercados para que esa energía pueda escalar.

Primero, los creadores necesitan acceso a financiamiento constante. Los modelos tradicionales de préstamo muchas veces no reconocen la propiedad intelectual, los contratos o las regalías proyectadas como activos. El acceso a financiamiento sigue siendo una de las principales limitantes que frenan el crecimiento de las industrias creativas a nivel global. Herramientas financieras diseñadas para emprendedores creativos pueden ayudar a que los negocios crezcan más allá de sobrevivir de proyecto en proyecto.

Después, las reglas de propiedad intelectual tienen que funcionar en la práctica, no solo en el papel. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual enfatiza que la aplicación efectiva del derecho de autor y los sistemas de cobro de regalías son centrales para garantizar que los creadores reciban pago por su trabajo.

Tercero: habilidades, habilidades y más habilidades. La investigación de la UNESCO destaca que el crecimiento sostenido en cine, música e industrias digitales depende de formar a intérpretes, técnicos, productores, editores y managers. Talento hay de sobra, pero la profundidad técnica es lo que vuelve competitivas a las industrias.

La infraestructura también importa. Eso incluye electricidad confiable para estudios, espacios para presentaciones en vivo, capacidad de manufactura para la moda e internet accesible para creadores digitales. La asequibilidad de la conectividad sigue siendo un factor clave que determina quiénes pueden participar de lleno en las economías digitales en toda el África subsahariana. Ampliar el acceso hace que más personas puedan sumarse.

Por último, hay que fortalecer las rutas de exportación. Los bienes y servicios creativos se comercializan a nivel global, y las políticas comerciales coordinadas pueden ayudar a que las industrias locales lleguen a mercados regionales e internacionales. El crecimiento se acelera cuando los negocios creativos no están limitados por la geografía.

Ninguno de estos pasos requiere reinventar la rueda. Requieren alineación.

Pero la fuerza laboral joven de África no está esperando. Ya está construyendo la economía creativa desde cero. La pregunta ahora es si las políticas, la inversión y la infraestructura van a crecer a la misma velocidad.

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Editorial

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La juventud africana no espera oportunidades: está creando la economía creativa.

Por Mel Ndlovu