¿Alguna vez te has detenido a pensar dónde termina todo el plástico que producimos?
El plástico nunca desaparece, pero no solo termina en nuestros océanos. Está en el aire que respiras, en la comida que comes y sí, incluso en tu cuerpo. La contaminación por plástico no solo es desagradable a la vista, también está afectando tu salud y la de tus hijos.
Imagina esto: diminutos fragmentos de plástico, invisibles a simple vista, circulando por tu torrente sanguíneo, incrustados en tus órganos. No es ciencia ficción; es la realidad en la que vivimos.
¿Entonces, qué podemos hacer? Todo comienza por hacernos conscientes, comprendiendo la magnitud del problema y su impacto en nuestras vidas. Luego, se trata de alzar la voz y exigir más a los gobiernos y a las empresas para reducir la producción de plásticos y proteger la salud pública.
Este año, los gobiernos de todo el mundo están negociando un Global Plastics Treaty, que podría ser clave para proteger nuestro planeta y nuestra salud del plástico por generaciones.
Juntos, podemos cambiar el rumbo de la contaminación plástica. ¿Listo para empezar? Haz el quiz.